El sonido de la puerta abriéndose de golpe rompió la tranquila penumbra de la habitación. Alina, que estaba tumbada en la cama con un libro sobre el pecho, dio un respingo y se incorporó de inmediato. Lucy entró como una ráfaga de viento, con su melena castaña revuelta y los ojos brillando de emoción. —¡ALINA! —exclamó, agitando el móvil en el aire—. ¡No te lo vas a creer! ¡Nos han invitado a una fiesta! Alina parpadeó, confundida. —¿Una fiesta? —repitió, como si la palabra fuera un concepto extraño. —¡Sí! ¡Una auténtica fiesta universitaria! —Lucy se dejó caer en su cama, rebotando un par de veces sobre el colchón—. ¡En la casa de los Omega Tau Delta! Ya sabes, esa fraternidad de atletas y gente que parece sacada de un catálogo de ropa deportiva. Alina frunció el ceño y cerró el libr

