La puerta del cuarto se abrió lentamente. Marina entró con una caja de terciopelo n***o entre las manos. Caminaba con pasos exactos, como una sombra entrenada para no dejar huellas. Dos sirvientas mĆ”s la seguĆan⦠una de ellas, joven, pequeƱa, cabello oscuro recogido en un moƱo discreto. Aria no lo supo en ese instante, pero esa era la infiltrada. āSeƱorita Aria ādijo Marina con voz neutraā. Debemos prepararla. Aria retrocedió un paso, los brazos alrededor de su torso como si eso pudiera protegerla de la humillación. Marina dejó la caja sobre la cama. Al abrirla, el aire pareció espesarse. LencerĆa negra. Delicada. Transparente. Aria sintió nĆ”useas. āVĆstete āordenó Marina, aunque su voz tembló apenas perceptibleā. No quiero problemas contigo. Las dos sirvientas la miraban⦠excepto

