Ella me miró fijo a los ojos, sin decir absolutamente nada por unos cuantos segundos. Yo estaba por decir algo. —No, yo no tengo nada que pensar —me dijo —No quiero nada contigo. — ¡Eres una necia! —le dije nervioso — ¡Ni siquiera porque el chico más sincero y bueno del mundo te lo dice quieres entender! — ¿Y tú? ¿Acaso lo pensarías? No Adrien, ¡No seas cínico! A la primera falda fácil que pase frente a ti, te irás corriendo detrás de ella. —Tal vez tengas razón y no haya nada que pensar... teniendo en cuenta lo poco que me conoces para decir una cosa así —le dije algo molesto —Me ofendes. — ¿Acaso no es así? No me vengas con que te afecta eso ahora, porque no es verdad. Estoy completamente segura que tienes una lista más larga que la de un hospital público de las mujeres con las que

