El huésped VIP no era ni más ni menos que MCJay, el cantante de moda. Cantaba una mezcla de reggaeton con rap, de padres puertorriqueños que se habían mudado a Miami cuando era pequeño, hacía un par de años había alcanzado la fama y junto a Ricky Martin habían hecho el show del último Súper Bowl.
Sus pedidos no habían sido tan excéntricos...había pedido agua mineral Fiji, algunas frutas tropicales y una gran pantalla para jugar a la Play Station 4. Fue cuando lo recibió, acompañó junto a su séquito a su habitación que notó que le había simpatizado al joven, al punto que le empezó a preguntar cosas personales y terminaron jugando al FIFA 22 cuando ser enteró que ella también lo jugaba. Aunque estaba medio oxidada pues no tenía mucho tiempo para jugar, los deportes en general le gustaban a Mia y era buena en muchos deportes y por extensión, le gustaba el soccer.Jugarlo en vivo y en la play.
Así que cuando Jay la invitó a jugar con él, casi suplicándole no pudo decirle que no. Aparte su trabajo consistía en complacer esa clase de clientes. Y, Jay, como le pidió que lo llamara le caía realmente bien. Parecía un joven sano, y tenía cierto atractivo. Trigueño de ojos oscuros, piel bronceada, pelo rapado y vestido con ropa deportiva cara (cadenas de oro incluidas) respondía al estereotipo de cantante de ese tipo de género. Pero se encontró con un joven de masomenos su edad 27 o 28 años, humilde y respetuoso. Sano y divertido. Así que solo se dejó llevar.
Cuando Tony se dio cuenta de la ausencia de Mia en el hotel al principio no se preocupó. Luego empezaron a pasar las horas, cuando pasaron más de tres horas salió a buscar a su jefe de seguridad Sean quien le confirmo lo que sospechaba, que Mia no había salido de la habitación MCJay. Y como no tenía cámaras dentro de esa suite no podía saber que diablos estaba pasando ahí adentro.
Así que cuando golpeó la puerta y un mono de los seguridad del cantante le abrió la puerta lo que menos se imagino fue que iba a encontrarse a Mia sentada con las piernas cruzadas en el sofá, sin zapatos ni saco a los gritos jugando emocionada junto a MCJay.
Pasó del miedo, a la ira, y al miedo de nuevo. Por segunda vez en un mismo día la veía relajada y riendo con otro hombre.
Fue hasta el sofá, con cara de póker.
Carraspeo para que se dieran cuenta que estaba ahí.
-Todo en orden?-
-Si viejo, danos unos minutos- le dijo de perfil el joven. Mia estaba aún compenetrada en el juego.
-Gollll golll!- salto y empezó a agitarse en el sofá hasta que fue conciente de su presencia.
-Hh..ola- dijo bajando las piernas del sillón y poniéndose los zapatos con rapidez.
-Disculpa Jay- le dijo con una falsa sonrisa al chico, las manos metidas en los bolsillos de su pantalón-Pero necesito que Mia se ocupe de unas cosas...-
-Uhh bueno viejo, no hay problema. Mia ya agendaste mí teléfono? Después hablamos y seguimos. Un gusto jugar contigo linda, que se repita- y la ABRAZÓ.
Mia se sintio incómoda ante la presencia de Tony parado ahi, junto a ellos, duro como una estatua de mármol...
-Ss.si..despues hablamos!- se despidió y salió de la habitación con un Tony haciéndole "marca personal".
Cuando la puerta se cerró, se sintio arrastrada hacia la pared.
-Me puedes decir que demonios hiciste TRES HORAS en la habitación de MCJay- le dijo mascullando enfadado entre dientes.
Mia solo se encogió de hombros despreocupada. -Solo hacía mí trabajo-
-TU TRABAJO es proveer a nuestros clientes de lo que necesiten, no ofrecerte a ti misma para...'entretenimiento'- escupió las palabras furioso.
Mia nunca se había sentido tan insultada, ni cuando trabajaba en un club nudista de mesera.
Era la segunda vez en el día que la insultaba.
Su mano voló sin que la pudiera detener cruzando la mejilla de Tony Falcone con una bofetada.
Se miraron con enojo por un momento, agitados.
-Me golpeaste?- le dijo el indignado.
Nunca ninguna mujer lo había golpeado, las mujeres rogaban sus caricias y esta joven diminuta le había dado una bofetada!
La arrastro a una habitación cercana que estaba desocupada y que abrió con su huella digital.
Se movió tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar a Mia. La arrastro dentro de una habitación, la empujó contra la puerta cerrada.
Y se agachó hasta hablarle a centímetros de la boca.
-Yo no te contraté para que seas la puta de los clientes!- le espetó
-Como te atreves!- le replicó ella furiosa. Quiso volver a golpearlo pero está vez sujeto sus manos, y le dio un beso furioso, un beso de posesión...
Luego, con furia aún, levantó su falda y le arranco las bragas.
Mia pensó que iba a cogersela así que se sorprendió enormemente cuando se agachó entre sus piernas y empezó a succionarle el clítoris con furia. Puso sus piernas suspendidas sobre sus hombros y mientras la lamía le metía los dedos buscando su punto G. Cómo le había soltado las manos, ella tomo su cabeza para hundirla más aún. Llegó al clímax de manera estrepitosa. Todo su cuerpo convulsionaba. El bajo las piernas de sus hombros y le acomodo la falda. Cuando ella bajo la mirada vio que estaba visiblemente excitado. Pero lo único que hizo fue frotarse contra ella y luego tomarle la coleta para tirar su cabeza hacia atrás y darle otro beso más profundo que el anterior. Violó su boca con su lengua, mordió sus labios y finalmente su cuello, la mordió tan fuerte que supo iba a quedarle una marca.
Mientras aún la sostenía de la coleta con su mano le dijo en el oído.
-Eres MÍA, MÍA y solo MÍA. Que no se te vuelva a olvidar.- luego la soltó, abrió la puerta y salió.
Mia se llevó la mano a los labios, los tenía hinchados. Y su entrepierna mojada con sus jugos y la saliva de su jefe.
Busco sus bragas por la alfombra hasta encontrarlas, y luego las guardo en su bolsillo.
Y mientras hacía todo casi mecánicamente, trataba de entender que mierda acababa de pasar entre ella y su jefe, Tony Falcone.