Capítulo 4 — Pecados que no se perdonan

478 Words
Mientras tanto, en la mansión... Una noche más cayó sobre la ciudad, pero en la mansión de los Holloway, el tiempo se sentía congelado, contenido, a punto de estallar. Las paredes ocultaban secretos tan antiguos como el apellido que las sostenía. Y en lo más profundo de esa casa, alguien más comenzaba a mover sus fichas. --- Horas después... Cataleya abrió los ojos de golpe. El techo de madera de la cabaña la recibió con el crujido suave de la madrugada. Todo estaba oscuro, pero sabía que no estaba sola. Su respiración era un hilo delgado. El sudor frío le pegaba las sábanas al cuerpo. Un ruido. Una sombra junto a la ventana. Su instinto fue rápido: se bajó de la cama . La figura seguía ahí. Pero cuando se acercó, una voz conocida la detuvo. —Tranquila, Ayla. No tienes que defenderte de mí. Killian. Estaba apoyado contra la pared, fumando un cigarro, los ojos brillando con la brasa encendida. Había algo en su voz... cansancio, remordimiento, o ambas cosas. Cataleya apretó los dientes. —No me llames así. —Ese es tu verdadero nombre. —Ya no lo es. Lo enterraron con todo lo que fui. Killian no respondió de inmediato. Exhaló el humo hacia la ventana, como si quisiera expulsar también sus pecados. —Lo siento. Dos palabras. Tan simples. Tan insuficientes. Cataleya lo miró, buscando alguna grieta, alguna fisura en su muralla emocional. Pero él seguía siendo un misterio que dolía mirar. —No puedes venir a mi vida, romperla toda, revolver mis recuerdos y luego decir "lo siento". Killian apagó el cigarro y se acercó. Su presencia era sofocante, como humo caliente. Pero no la tocó. Solo habló. —No te traje aquí para manipularte. Te traje porque descubrí que alguien ha reactivado el Proyecto B-0319. Cataleya retrocedió. —¡Está muerto! Dijiste que había terminado. —Eso creí. Hasta que vi esto. Sacó una fotografía doblada del bolsillo. Era reciente. Una niña, de no más de diez años, en un salón blanco. Unas marcas en sus sienes. Una mirada vacía. Cataleya la reconoció al instante. No por la cara, sino por la expresión. Ella había tenido esa misma mirada. —¡Están usando a otras niñas! Killian asintió. —Y hay algo peor. No es solo el proyecto. Es una versión más... extrema. Más controlada. Y tú eres la única que puede detenerlo. Cataleya río, amargamente. —¡Oh, claro! Porque soy la heroína rota. La chica con memoria fragmentada y un pasado que parece una pesadilla. Killian la observó con una intensidad peligrosa. —Eres la única que escapó. La única que resistió. Ellos te buscan, Cata. No para matarte. Para duplicarte. Un escalofrío recorrió su columna. El pasado no estaba enterrado. Estaba siendo clonado. Cataleya necesitaba respuestas. Pero también necesitaba hacer algo que no había hecho en años: Sobrevivir. ---
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD