Capítulo 2.
*Conmoción.
Selene lo sigue hasta la mesa en la zona VIP del restaurante, de manera que al estar solos siente la curiosidad de preguntar, aunque se siente avergonzada de lo que va a hacer, pero desea saberlo.
—Señor. —Dice, llamando la atención de Julio, quien puede notar lo incómoda que está.
—Olvídelo, señorita Castro, ahora solo enfóquese en la reunión... —Julio se levanta con la llegada del príncipe.
De inmediato, Selene lo sigue manteniendo a distancia. Las presentaciones comienzan y Julián hace su trabajo; como es lo planeado, hacen un gran equipo juntos. Julián la presenta como su secretaria y la reunión da comienzo; ella saca los documentos para él y organiza todo a medida de la conversación. Un gran equipo, sin duda. La manera en que se desarrolla todo es grandiosa, todo bien organizado para él, tal como le gusta, y las palabras en árabe lo hacen saber.
—Yo quiero una secretaria así, que aparte de hermosa sea eficiente; eso no se consigue en todos lados, hacen un buen equipo juntos.
—Así es, señor Amir, sin duda tengo suerte.
Expresa Julián, orgulloso.
—Mucha, mucha suerte, señor Contreras.
La hacen sonrojar incómoda mientras los dos caballeros se ríen de la situación que solo ellos dos entienden. Selene, para Julián, es como haber ganado la lotería; podría decir que lo tiene todo, lo único que le faltaría sería comprobarlo, pero eso es un tema incapaz de tocar; por ello se retiró a tiempo de su suite. Escucharla jadear desde la entrada de su habitación le dejó un intenso deseo insaciable; sin duda alguna, lo está volviendo loco.
—Fue un placer conocerla, señorita Selene. —El príncipe toma su mano para besarla y ella se mantiene distante en su lugar con una pequeña sonrisa.
—El placer es mío, señor Amir.
—Señor Contreras, es un hecho; en cuanto tenga el cargamento, comuníquese conmigo; sin duda seremos grandes socios.
—Así será, Amir, verá que no se arrepentirá.
—No tengo dudas de eso, señor Contreras. Hasta la próxima.
El hombre empieza a retirarse y la felicidad no se puede ocultar en el rostro de Julián, quien sonríe muy feliz ante el cierre del negocio de su vida. Todo salió mejor de lo que esperaba, no hubo peros de nada y eso es lo importante.
—Buen trabajo, señorita Castro, la felicito.
Selene sonríe ante Julián mientras recoge los documentos.
—Gracias, señor, es un placer trabajar con usted.
Una mirada intensa persigue a Julián mientras aquellas palabras penetran en su mente de la misma manera sensual en la que salieron de los labios de Selene, quien se coloca frente a él esperando sus órdenes para proseguir.
—¿Quiere volver ya? —pregunta de manera que Julián no puede evitar ver sus hermosas piernas que se descubren sobre su abrigo.
—No, apenas tocaste la comida, termínala; si no te gusta, pide lo que quieras, yo te invito.
—Gracias, señor.
Julián levanta su trago ante ella, quien se acomoda en su lugar, terminando su comida mientras organiza el regreso de Julián, quien se acerca a ella, quitándole la agenda de manera que su cercanía la hace tragar los alimentos sin masticarlos.
—Come, eso lo puedes hacer después.
Sus miradas se juntan con intensidad ante tal cercanía que le quita el aliento a Selene.
—Lo siento, solo reservo… —Julián la hace callar.
—Come. —Repite en un tono fuerte con una voz de mando que usa para dominar, llevando a Selene a bajarle la mirada.
Su pecho se mueve en un vaivén al quedarse sin aliento ante su fuerte agarre sobre su mano, Julián se acerca muy poco a ella, rara vez su piel se entrelazan y cuando eso sucede se crea una intensa sensación a la que ninguno de los dos puede resistir, Julián siente que la temperatura en su cuerpo se eleva al tenerla cerca y la manera en que le dice señor lo enciende, que otros hombres la vean con tanto deseo lo desequilibra, ahora la tiene dónde le gusta y su manera de tensarse lo distrae un poco, no sabe cuánto tiempo podrá resistir para no tocarla, pero su auto dominio lo hace levantarse para ver por la ventana mientras sostiene un vaso con wiski en su mano, dejando a Selene con tan intensa sensación en su pecho, le impide concentrarse, ama la manera dominante en la que él le habla, no puede dejar de mirarlo quedándose de la misma manera en la que la dejo, siente como su zona se humedece al pensar que aun sigue tan cerca de ella que la desequilibra.
—Termina, tenemos mucho que hacer antes de volver.
Dice Julián con firmeza: "¿Qué demonios?". ¿Acaso tiene ojos en la espalda? La incómoda como nadie, sabe cómo controlarla, cómo penetrar su mente y cada expresión de ella; la conoce. Son tantos años juntos que es inevitable no conocerse el uno al otro, y aun así Julián logra causar tales efectos en Selene. Al terminar de comer, ella se levanta y lo sigue hasta el coche que los espera. Julián va pegado al celular como de costumbre, mientras Selene se mantiene en silencio en su lugar. Van directo al hotel donde, al bajar del coche, cada uno toma caminos separados. No es un misterio para Selene lo que Julián hace tras terminar sus negociaciones, o es algo que imagina, ya que tras terminar cada reunión se va a su habitación y minutos después aparece una hermosa mujer; las ha visto salir, pero jamás entrar.
Julián es muy reservado, su vida privada la mantiene bajo control, algo en secreto, son ya varios años trabajando juntos y no le conoce ninguna relación formal, ni siquiera su familia conoce a una mujer más que a ella, eso se debe a qué Julián la lleva a todos sus eventos, a todos sus viajes y negociaciones, esa es la ventaja de trabajar con él, puede conocer el mundo a su lado y es increíble aunque no recorra la ciudad, pero como es de esperarse al día siguiente no aparece nada en la presan, es como si manejara su vida tal como la desea, más de una vez lo han vinculado con ser gay, o que tiene una relación con ella en secreto, son tantas las especulaciones a las que él no reacciona y después de un tiempo todo eso desaparece, su vida es un misterio y aunque Selene lo conoce bastante no va más allá de su trabajo, es como si su vida amorosa o fuera de la oficina tuviera un murro de hierro en la que ella no puede cruzar, tiene ciertos límites y los respeta, aunque su familia siempre la aborda a ella para saber de él siendo un hombre tan ocupado.
—¿Señorita Castro?
—Sí, señora, le escucho.
—¿Mi hijo? ¿Está contigo? Es que no responde las llamadas y estoy preocupada; ya llevan dos semanas desde que se fue y es una agonía saber si llegaron bien.
—Estamos bien, mi señora, ya estoy organizando todo para volver esta misma tarde.
—Entonces, ¿sí vendrán al evento de gala?
—Lo siento, el señor aún no me habla de ello; debo imaginar que mi presencia no es requerida en el lugar, pero él sí irá; ya confirmé su traje para el fin de semana.
—Perfecto, querida, gracias, no sé qué haría sin ti, me acabas de quitar la angustia que tenía sobre el tema. Bueno, querida, feliz viaje, cuídense.
—Muchas gracias, mi señora.
Selene cuelga y ve la hora en su reloj; va contra el tiempo, de manera que llama a los hombres de seguridad para que bajen las maletas y revisa la habitación antes de salir. Al estar fuera del hotel, lo espera recibiendo una llamada de su celular personal, que solo suena para problemas, y al contestar es evidente que tiene problemas.
—Selene, o Selene hija, esos hombres vinieron, vinieron más temprano, cariño, tu hermana no ha venido a traer el dinero, arrojaron todo, rompieron mis cosas, Selene fue…
Selene cierra los ojos ante la angustia que esto le causa; es una pesadilla cada vez que su celular suena y le parece extraño que su hermana no haya llevado su parte del dinero. Esto la aterra al pensar que le haya pasado algo y teme que, si no pagan para el fin de semana, sabe que será un problema.
—Mamá, mamá, por favor, cálmate, lo resolveré, veré qué hago, pero no te alteres, ya voy de vuelta… ¿Mamá?
—Selene, hija, ayúdame, Sele…
—Mamá, ya voy de regreso, por favor, cálmate, ¿hola? ¿Mamá? ¿Hola?
Selene se angustia ante la situación y saber que tiene que viajar a Chicago para saber qué pasa la angustia; tiene trabajo, esto es un problema tras otro y no sabe qué hacer. Las lágrimas recorren su mejilla pensando que su madre está en problemas y que le hayan hecho algo a su hermana, una deuda que no les corresponde y que no es su responsabilidad y que deben tomar por el bien de su madre. Selene trata de devolver la llamada, pero su celular sale sin conexión; su desesperación es notable ante Julián, quien tiene rato observando la escena a la distancia.
—¿Señorita Castro? ¿Está lista?
Selena se limpia las lágrimas antes de voltear a verlo, cosa que oculta fatal ante Julián, quien nota sus ojos rojos.
—Sí, señor, estoy lista.
Selene sube al coche y su preocupación es evidente; ve por la ventana mientras roza su pulgar con la palma de su mano. Eso lo hace cuando siente miedo, cuando está preocupada o enojada, y Julián lo sabe porque la ha visto hacerlo muchas veces. Es un método que usa para calmarse; usa su uña presionándola a la palma de su mano, causándose un ligero dolor que la ayuda a calmarse. Julián ya lo ha visto antes y es desesperante, de manera que toma su mano asustándola.
—Para de temblar. —Ordena presionar la palma de su mano en la zona de su herida con su pulgar.
—Lo siento, yo… —La hace callar colocando su pulgar sobre sus labios rojos, los cuales acaricia.
—Respira, relaja tu mente y con ella tu cuerpo…
Ella lo sigue con la mirada. Su pulgar la recorre por la mejilla, bajando por su cuello, por el centro de su pecho hasta su abdomen, llegando a la palma de su mano, donde entrelaza su mano con la de ella de manera que la hace jadear al sujetar su muslo, el cual aprieta con fuerza. La tiene en un trance s****l, donde él la domina con cada toque que le da, calmándola por completo.
—Nada puede ser tan grave para controlarte de esa manera; si controlas tu mente y tu cuerpo, tendrás el control total de cada situación, solo debes relajarte.
La hace volver a su mundo tras alejarse del espacio ante el anuncio de su llegada.
—Perdóneme, yo no quería incomodarlo.
—No tengo nada que perdonarte, vamos, se nos hace tarde.
Julián se baja del coche dejando por unos minutos a Selene, quien trata de recomponerse ante tal acto que acaba de vivir y que le eriza la piel. Al bajar, camina al avión donde Julián la espera, se sienta frente a él, como es costumbre, y, como si no hubiera pasado nada, empieza a organizar su agenda, como siempre lo hace, para informarlo de todo, siendo detenida por Julián, quien la interrumpe.
—Toma. —Dice sacando de su agenda un cheque, el cual le entrega, dejándola helada con el monto.
—¿Señor? —dice mirándolo llena de confusión.
—Mañana no irás a la oficina, tómate el día libre. Con el dinero vas a ir a la dirección que te acabo de enviar, ellos te estarán esperando, paga el vestido que mandé hacer para ti; con el resto del dinero, úsalo como tú quieras, te lo ganaste. Carlos pasará por ti a tu departamento a las 7 p. m. el sábado por la noche, trata de estar lista.
—Señor, esto es mucho dinero, yo…
Julio la interrumpe.
—Haz lo que te digo, no quiero escuchar más del tema.