KAT Mamá aparca en una gasolinera cercana, aprovecha para llenar el tanque de la furgoneta y me compra algunas golosinas para que me quedé tranquila. Lo que no sabe es que será imposible. No puedo respirar con normalidad sabiendo que soy la compañera de ese licántropo. Un de verdad. De carne y hueso. ¿Qué hay de malo en mí? No soy malvada. Pero el universo se empeña en ponerme trabas de las que no podré salir. Me hundiré. —Todo estará bien, cariño —intenta sonar como si nada estuviera sucediendo. Parpadeo, en ningún momento giro para mirarla. —No, mamá. Todo está mal. Me tienes que contar muchas cosas. —No es el momento, cariño —asegura, sus dedos se vuelven blancos mientras conduce, puedo percibir su rabia flotando por su rostro. Fijo mi vista en la inmensidad de árboles blanc

