05

948 Words
CALEB Mantengo mi semblante serio mientras por dentro muero de risa. La gatita ha caído en mi trampa. Lentamente me ayuda a sentarme en uno de los sillones de la sala de estar, que se encuentra a unos pocos pasos de la entrada principal. La muchacha se pone en frente de mi revisando de lejos mis heridas. Se ve tan tierna preocupada por mí. Y yo me veo tan idiota por hacer esto. —¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha atacado? —pregunta resbalándose con las palabras —. Llamaré a la policía. Aprovecho para deslizar mi mano por su muslo y atraerla hacia mí. Pongo cara de dolor mientras me dobló en dos. —No, no lo hagas estará bien —intento que no me joda el plan, pero es demasiado lista. Sus cejas se arquean, se inclina para mirarme desde arriba. Sin quererlo me da una vista bastante agradable de sus pechos, m****a, ese pijama le queda pequeño. Tengo que respirar. No puedo excitarme ahora, no cuando he trazado todo esto para seducirla. Le pagué a un licántropo para que me hiciera está herida en la puerta de su casa. He de decir que era el último recurso que tenía. Sabía que no podría resistirse a ayudarme. —¿Quieres que me quede cruzada de brazos mientras te desangras? —cuestiona con voz chillona —. Sin duda lo mereces, por idiota. —Chistosa la nena. —A ver si parezco chistosa cuando te deje morir. —Tan solo ayúdame a limpiar la herida, después yo mismo iré a un hospital. No es tan grave como se ve. Ella asiente, no muy convencida. —Estás loco, ¿sabías? Por ti, bonita. Desquiciado por tenerte a mi lado para toda una eternidad. Observo cómo se aleja hacia el baño, supongo que va a buscar un maletín de curación o algo por el estilo. Los humanos lo llaman botiquín de primeros auxilios. Me quedo mirando su t*****o respingón por más tiempo del que debería, ¡maldición! Siento ganas de tomarla. La necesidad se vuelve cada vez más salvaje. Necesito que se dé prisa, las heridas no tardarán en cicatrizar, eso me resta más tiempo para gustarle o para llevarla al psiquiatrio por un repentino cuadro de ansiedad. Bien, tengo que pensar. ¿Si yo fuera chica como me gustaría que me sedujesen? Tal vez una cita en el cine, o en la pradera. ¿Dónde hay una pradera por aquí? Mierda, soy un asco en esto. Yo sé sobre matar, no sobre citas y enamoramientos. Siempre tuve a las chicas sin mover un solo dedo. ¡Por qué tiene que ser tan difícil ahora! —¿Qué te atacó? —pregunta Katherine saliendo del baño. Me encojo de hombro. —Era un tipo con un cuchillo, pretendía colarse en tu casa —pestañea como si no me creyese —. Así lo detuve antes de que pudiera hacerte daño. Después cuando me hirió, se fue. —Últimamente CrossVille se está volviendo muy peligroso. Sus manos se encuentran manchadas de mi propia sangre, viene hasta el sillón donde estoy sentado, se arrodilla para levantarme con delicadeza la camiseta. Hace una mueca, sus labios se tensan mientras examina mi herida. Es tan bonita. Su cabello n***o se le pega al rostro, agarro un mechón y se lo coloco detrás de la oreja. Ella me mira de forma intensa, sé que siente lo mismo que yo. Yo también tengo ganas de tocarla. —Si es tan inseguro vivir aquí puedes mudarte —comento. Aun arrodillada busca un par de pañuelos húmedos para quitarme la sangre del pecho. Actuó haciendo un gemido cuando roza mi pecho con una gasa. Merezco un j****o premio de actuación. —Lo siento, Caleb. Pero necesito limpiarte esto o se infectará —susurra dulce. Se concentra en retirar la sangre de la herida que ya no expulsa nada —. ¿Mudarme? No se me ocurre ningún lugar a donde ir. —A mí, sí —le aseguro sonriente. —¿Ah, sí? —Alaska es un lugar seguro. Entrecierra los ojos, busca un vendaje mientras niega con la cabeza. Una vez lo encuentra, dejo que sus pequeños dedos me toqueteen parte de mi tenso torso. Mi corazón late tan rápido que estoy seguro que ella lo nota, hasta una erección empieza a formarse en mis pantalones. Por favor, que se incline y me la chupe. Haré lo que sea. —Ya claro, muy seguro vivir en Alaska a excepción de los lobos y osos que se cuelan por la noche en tu casa —se queja anudando la venda en mi pecho. La herida pronto regenerara, ya ni siento el más mínimo escozor. Ladeo una sonrisa sin dejar de mirarla. —En mi cama estarías segura. Su ceja se alza a modo de cuestión. Oh, creo que la estoy cagando. —Haré como que no escuche eso, además el frío sería lo peor. —Mi cama es muuuy caliente. Tal vez obtengas un lobo peludo que esté calentándote toda la noche —sus mejillas se sonrojan levemente —. Me ofrezco. Su mirada se levanta y se detiene en mis ojos, puedo ver la picardía fluyendo por el interior de estos, muy en el fondo. —Si durmiera con un lobo seguramente en la mañana acabaría muerta, su mordida es salvaje, como la de todos de esos animales. Su voz se tiñe con un aire de desprecio. ¿Odia a los lobos? ¿O solo tiene un mal presentimiento por lo que pasó anoche? —Tal vez te comería, pero no del modo que tú piensas —murmuro saboreando cada palabra, amando su reacción.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD