Paul cerró los ojos al sentir la caricia indecisa de Morian sobre la piel suave del estómago, y sus dedos se detuvieron en la hebilla del cinturón. Sentía cómo un calor desconocido aumentaba en su interior, llevándolo hacia una necesidad primitiva que casi lo asustaba. Dejó caer la cabeza hacia delante y apretó los dientes mientras Morian continuaba explorando, y cuanto más tiempo se quedaba él inmóvil, más atrevidas se volvían sus caricias. Paul inhaló por la nariz en un intento de seguir concentrándose en mantener el control. Abrió los ojos de golpe al sentir cómo los dedos de ella se posaban sobre los suyos, soltando el cinturón. ―Morian ―siseó a modo de advertencia. Esta lo miró a los ojos mientras sus dedos continuaban desabrochándole los vaqueros antes de bajar la cremallera. ―Qui

