El silencio es tan espeso que casi se puede cortar con las manos. Nadie dice nada. Nadie se atreve. Los Aguilar, usualmente los primeros en soltar una broma o una carcajada, están con la mirada baja, como si el suelo les ofreciera respuestas que no encuentran en los rostros de los demás. Selena, que siempre tiene algo que decir, se limita a mirar sus propias uñas, como si de pronto fueran lo más interesante del mundo. Marina, con los brazos cruzados y los ojos vidriosos, parece una estatua a punto de quebrarse. Incluso Axel, que normalmente no puede pasar más de cinco minutos sin hablar, está callado. Y eso, más que cualquier otra cosa, me pone los pelos de punta. Me inclino un poco hacia adelante, como si al acercarme pudiera entender mejor lo que está pasando. Pero lo único que veo es q

