Pasillos de Absurdo y Piedra —¿Al salón ese? —suspira Axel, dejando escapar un aire pesado que parece cargar con todo el drama del mundo. Se pasa una mano por el cabello, desordenando aún más esos mechones castaños que el viento ya había tratado con rudeza, y nos mira como si le acabáramos de pedir que escale el Everest cargando un piano a cuestas y con una sola pierna. Hay una exageración casi heroica en su gesto, esa forma de victimizarse que tanto nos hace reír. —Está bien, acepto —añade finalmente, rindiéndose ante la evidencia—. Después de todo, lucen verdaderamente acabadas ustedes dos, y con sus famosas "influencias" en el centro de estudiantes pueden hacer prácticamente todo lo que les dé la gana en este campus. Además, seamos realistas: nadie en su sano juicio se va a oponer a

