Dirijo mi mirada al limpio espejo del ascensor para observarla disimuladamente y veo que sus ojos están intensamente llorosos, a punto de soltar las lágrimas acumuladas; su piel se ve opaca, desprovista de color y casi con un matiz grisáceo azulado, aunque me digo que tranquilamente puede ser por el efecto de la fría luz blanquecina de los tubos fluorescentes del lugar. Ella está de brazos cruzados de forma defensiva, agarrándose con fuerza excesiva las caras internas de los codos mientras se muerde con desesperación el labio inferior. Me da muchísima pena y lástima verla así de vulnerada; al fin y al cabo, de esta Vaggatha tan frágil no he visto por ningún lado a aquella bruja manipuladora y desalmada que Valentino retrató hace rato en la cafetería, solo he visto a una chica que por algun

