Los días posteriores a aquella noche en la pista se sintieron diferentes, como si el aire entre Amara y Liam albergara una tregua silenciosa y frágil. Habían compartido algo real esa noche, un vistazo poco común a sus corazones más íntimos. Fue un momento que ninguno pudo olvidar del todo, pero ambos sintieron la necesidad de enterrarlo, para que no despertara algo que no estaban preparados para afrontar. En cambio, cayeron en una rutina tácita: cruzarse en la pista de hielo o por la ciudad, cada encuentro marcado por una mezcla de tensión y cariño, sus palabras juguetonas, pero sus miradas deteniéndose demasiado. Cuando no estaban juntos, se encontraban pensando el uno en el otro, preguntándose si el otro hacía lo mismo. Ambos intentaban concentrarse en sus propios mundos, pero seguían c

