Liam no pudo dormir esa noche. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Amara, con la tristeza presente en sus ojos mientras le pedía que diera un paso atrás. Sus palabras resonaron en su mente y sintió un profundo dolor, una sensación que no se había permitido experimentar en años. Había pasado su vida priorizando la lógica, siguiendo el camino que había construido ladrillo a ladrillo, siempre con cuidado de no dejar que las emociones interfirieran en su éxito. Pero ahora, estaba claro que lo que más valoraba —su imagen cuidadosamente forjada— se interponía en el camino de lo que realmente deseaba. A la mañana siguiente, fue a su oficina, decidido a enfrentarse a sus socios de una vez por todas. Sabía que esta reunión podría tener consecuencias, que podría poner en peligro todo s

