14
—¡Mijail basta! —suplico tratando de callar su imprudencia, intento agarrarlo del brazo para bajarlo de la mesa en donde se encuentra de pie, pero, se zafa inmediatamente.
—¡Te amo victoria jones! — confiesa delante de todos, ahora subiéndose a la barra donde están sirviendo el alcohol, los asistentes lo miran con expectativa.
—¡Bájate de allí! — le grito.
—Shuuu— susurra llevándose un dedo a la boca— Yo...— se señala— le quitaré la virginidad a ella— me señala— ¡Yo le di su primer orgasmo ayer mientras ella se masturbaba sola en el baño pensado en mí! —comienza a reír como loco.
Ahora si trágame tierra...
Me cubro la cara con ambas manos, Lorren junto a los hermanos Nathan y Ethan bajan a Mijail de ese lugar, el reloj marca las doce de la media noche. Es hora de huir.
—Ya es hora, niña… — susurra Lorren, caminando justo a mi lado.
Mijail, hace entrar a los jefes de los carteles hacia su oficina, Lorren me toma del brazo, y me obliga a bajar por unas escaleras que dan hacia un lugar que parece más como una bóveda. Al entrar veo a una mujer como de cincuenta años, sentada sobre una silla de madera y cuero fino.
Es la madre de Mijail...
—Eres más hermosa de lo que pensé—, dice al verme.
—¡Gracias por ayudarme! — la abrazo sin dudar a mi salvadora.
La señora Volkov me señala el sofá junto a ella para que me siente, un hombre llega repentinamente asustándome un poco, el sujeto lleva en sus manos una enorme maleta negra, de la cual saca algunos implementos, y en un par de segundos, retiran el brazalete electrónico dejando tirando el GPS en esa habitación dentro de la mansión de Mijail, para así poder darle falsas pistas de mi paradero.
—Hay que dejarlo aquí, para que Mijail no se dé cuenta que has salido del lugar.
Agrega la madre de mi captor.
Lorren me tomó de la mano y salimos junto a Marcela, la madre de Mijail, hacia la salida. Siento un frio recorrer mi cuerpo cuando veo uno de los matones del mafioso ruso, armando junto a la puerta trasera donde deberíamos salir.
Todo mi cuerpo se tensó cuando de la nada un par de guardias doblegaron a los tipejos dejando la zona libre para nosotros.
Marcela me envía con Camilo, el chico que me quitó el brazalete, dentro una camioneta brindada, me coloco el cinturón, asustada, y deseando ya salir de esta pesadilla, me giro sobre mi asiento para ver por última vez a Lorren y Marcela y despedirme así de ellas, pero, palidezco al ver a Mijail salir de la mansión vuelto una bestia irreconocible.
—¡Déjala ir! — logro escuchar lo que Marcela le dice tratando de detenerlo. Camilo solo sigue manejando a toda prisa y sin mirar atrás, un estruendo me hiela la sangre cuando observo con mis propios ojos a Mijail sacando un arma y disparándole sin piedad a Lorren entre las cejas, dejando su cadáver tirando en el suelo y sin vida. La desesperación se apoderó de mi cuerpo.
—Tranquila, trata de calmarte, saldremos de aquí— Camilo intenta tranquilizarme, pero, no puedo, Mijail es una bestia sin piedad, si me encuentra no sé qué será de mí.
El terror se apodera de todo mi ser al ver un par de camionetas acercarse hacia nosotros. Comienzo a temblar. No quiero volver a las redes de Mijail, quiero a mis padres, quiero ver a Malka, quiero disculparme con Roberto porque por mi culpa lo mataron, aunque en el fondo se lo merecía.
Lloro desenfrenadamente, alentando a Camilo para que trate de alejarse de Mijail y sus hombres, hace maniobras, pero, no logra esquivarlos; el auto de mi secuestrador se posesiona al lado de nosotros.
—¡Para ya, antes que empeore las cosas! — grita Mijail, pero, mi libertador no le hace caso.
El auto que acompaña al ruso nos golpea fuerte, veo como el pelinegro aprieta el volante frustrado, los disparos no se hacen esperar.
—¡Agáchate! —Entona, Camilo, tocando mi cabeza.
Como puedo me paso para la parte de atrás del coche tratando de protegerme, de un momento a otro mi salvador pierde el control del auto.
—No tengo frenos— vocifera el castaño y yo palidezco.
Voy a morir en manos de Mijail Volkov…
—Todo estaba planeado—, confiesa y caigo en cuenta porque Mijail no me había dicho nada, cuando intenté escapar la primera vez. «Las aguas mansas, Victoria». Vuelvo de mis pensamientos, pero, ya es muy tarde, el auto donde voy comienza a dar vueltas, veo como las ventanas comienzan a quebrarse haciendo que miles de cristales se incrusten en la mayor parte de mi cuerpo, mi cabeza se golpea fuerte con la puerta y algo cae en mi estómago, siento la sangre correr.
Abro mis ojos con dificultad.
—Hay que irnos Mijail, estoy escuchando las sirenas de la policía, recuerda que sigues en un proceso judicial por lo de la colombiana, — dice un hombre con voz rasposa—Déjala ir después la recuperaras— le manifiesta apresurado.
Mijail le hace caso y me da la última mirada antes de dejarme casi muerta—Volverás a mí, — sus manos acarician mis mejillas húmedas por mi propia sangre. —nunca podrás huir de mí, y cuando te mires al espejo todos los días, recordarás que solo eres mía, y la única forma que podrás liberarte, es muriendo y ni eso, porque aún después de muerta, también iría por ti…
(***)
Siento mi cuerpo arder, me duele la cabeza. Abro con dificultad mis ojos.
—Doctor ya se levantó—, escucho a una mujer con voz dulce decir.
—Hija…— es mi mamá. Parpadeo un par de veces y la veo, las lágrimas se resbalan por mis mejillas.
—Madre…— me duele demasiado el cuerpo.
—Calla hija... ya todo está bien.
El doctor entra observándome y apuntando algunas cosas.
—Es un milagro— dice con lágrimas en sus ojos—Paso mucho tiempo en coma.
—¿Coma? — abro los ojos y mi madre me mira.
—Hija... sufriste un accidente— está ansiosa—, llevas ocho meses en coma.
No puede ser...
—¿Mijail? —pronuncio su nombre y mi madre se tensa.
—No hay manera para que nos encuentre—Alega y trato de dejar el tema hasta allí, necesito descansar de todo esto.
—¿Mi padre dónde está? — el rostro de madre cambia.
—Hija, no sé cómo decirte esto, cuando Mijail te secuestró, tu padre cambió totalmente, todos los días discutíamos, ya él no era como antes y sencillamente un día decidimos divorciarnos— esto no me puede estar pasando.