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—Si lo vuelves a llamar por su nombre, te juro que haré que te echen—amenaza la mujer. Caminé rápido para entrar a la oficina de Alexander, pero, antes me giré para sacarle la lengua a Sara, esta abrió los ojos sorprendida y cuando trató de decirme algo le cerré la puerta en la cara.
—Señorita Jones, ¿De nuevo peleando con mi asistente? —escucho la voz imponente, masculina y tan sensual de Alexander, me quedo estática unos momentos y sacudo mi cabeza sacando esos pensamientos de mí.
—Lo siento, señor Russo, la señorita Marriaga se molesta por todo, es difícil no molestarla—, suelto una risita indiscreta.
—Como sea Victoria, te llamé para preguntarte si tienes terminado el diseño para la nueva campaña de la empresa—asentí.
—Hoy mismo le envió el correo electrónico con los diseños—. Digo anotándolo en mi teléfono, para que no se me olviden.
—Los esperaré—susurra el italiano, me di media vuelta para salir a toda prisa de la oficina—Te ves jodidamente hermosa hoy—, me paré en seco frente a la puerta, apreté fuerte las carpetas que llevaba, y sin responderle absolutamente nada, salí de aquel lugar.
Entré a la cafetería, necesitaba un café lo más urgente posible, Rosa la secretaria del despacho se acerca a mí, es la única en este lugar que sabe lo que se sucedió cuando tenía dieciocho años y ahora lo que me sucede con Alexander.
—¿Te dijo algo de nuevo? —me pregunta Rosa tratando de hablar lo más bajo posible, dejé que mi espalda tocara la pared de la cafetería, solté un suspiro tratando de organizar mis pensamientos que últimamente andan desordenados
—Sí—le respondí secamente.
—Deberías hacer algo Vicky, esto es acoso laboral—espeta Rosa, yo estaba de acuerdo con eso, pero, necesitaba el trabajo y mantener los pensamientos suicidas lejos de mí.
—Lo sé Rosa, pero, necesito trabajar, ¿Además tú crees que alguien me creerá? sabes que delante de todos el me trata como una mierda, pero, cuando me llama o está a solas conmigo es cuando viene el calvario, las personas dirán que soy yo la que quiere con él, pero, nadie sabe que no todas somos Sara—, las dos soltamos a reír.
—Ya son las cinco, creo que deberías ir a recoger tus cosas para irnos ya—le dije a Rosa.
Apreté el botón para bajar a la primera planta, David y Rosa venían conmigo hablando sobre el fin de semana y que deberíamos ir a alguna discoteca a tomar y divertirnos un rato, mi compañero comenzó a imitar la voz chillona de Rosa haciendo que suelte carcajadas. La puerta del ascensor se abre, Rosa se despide de David y de mí ya que su novio Eduardo, había venido por ella. Comienzo a caminar con David hacia la esquina en busca de un taxi para ir a casa.
—Deja que te lleve—me dice haciendo pucheros.
Dudo por unos segundos—Si prometes que me respetarás en todo el camino—agrego frunciendo los labios. Él abrió la boca para decir algo para su defensa, pero, solo asintió.
—No tengo la culpa que seas tan hermosa, pero, lo intentaré—, dice después de un rato, yo comencé a reír a pesar de que David apenas y llegaba a los veintiocho años, aún era como un niño.
Me dispuse a abrí la puerta del carro cuando veo a un sujeto en la esquina. No podía visualizar muy bien su rostro porque traía una chaqueta y el lugar donde estaba no tenía muy buena iluminación, al percatarse de que lo veía dio la media vuelta para marcharse, la brisa de la tarde estaba tan fuerte que la capucha de su chamarra se cayó dejándome ver un tatuaje que reconocía a la perfección, era Mijaíl, mi pesadilla había vuelto.
Parpadeé dos veces, tratando de entender si lo que acabo de ver fue una ilusión por no haber dormido mucho durante toda la noche, o realmente esto estaba pasando. Sentí como mi cuerpo se tensó y comencé a sudar frío, mis manos temblaban y trataba de no recordar ese momento debajo de Mijaíl.
—¿Sucede algo? ¡estás pálida Victoria! ¡¿te llevo al hospital?!—aunque escuchaba sus palabras, no podía articular alguna yo misma para poder responderle, sentí mis piernas flaquear y antes de que cayera al suelo, David me tomó fuerte de la cintura.
—¿Qué está pasando aquí? —espeta, Alexander con su voz autoritaria.
—Victoria se siente mal, creo que tiene un ataque de pánico—, le dice mi amigo a nuestro jefe.
—¡¿Y qué haces allí parado?! ¡llévala a un hospital rápido! —Alexander se encontraba alterado por la situación, sentí un dolor fuerte de cabeza y no podía escuchar nada, como si por arte de magia mis odios hubiesen sido tapados, solo podía ver a Alexander apretando la mandíbula por la torpeza de David.
—¡Quítate! —le grita Alexander a David—toma mis llaves, abre la puerta de mi coche para meter a Victoria, necesitamos llevarla con urgencias a una clínica—El chico delante de mí asintió tomando las llaves con sus manos temblorosas, de un momento a otro me subieron al Audi de mi jefe, solo sentí cuando me desplomé dentro del auto.
(***)
Comencé a parpadear para acostumbrarme a la luz intensa del lugar, al abrir mis ojos vi la desesperación de mi madre, sus ojeras eran notables, al parecer no había dormido en todo el tiempo que estuve aquí.
—¿Mamá…? —sus lágrimas comenzaron a recorrer su rostro angustiado.
—¡Hija! —su cuerpo se aferró a mis piernas, en ese momento abren la puerta de la habitación de hospital y me sorprendo al ver a Alexander entrar por ella, con su cabello alborotado y su traje completamente desubicado.
—¿Alexander? —solté de la nada.
—Espero, que estés bien, Victoria—. Sus manos tomaron las mías—, Te adelanto tus vacaciones de fin de año, necesito que te recuperes—espeta. Negué con la cabeza inmediatamente.
—Tengo que terminar los diseños para la campaña de este mes—, su dedo pulgar comenzó a rozar mis manos, sentí un espasmo en mi estómago, quité mis manos de las suyas, él me miró frunciendo el ceño.
—Karla terminará tu trabajo, tranquila—expresó con esa seguridad que lo caracteriza, comencé a detallar a Alexander, él era un hombre alto, con un cuerpo envidiable, unos ojos penetrantes que te podrían intimidar, sus grandes músculos y su cuerpo fornido podía hacerte suspirar.