Natascha Petrova Estos meses han sido una mierda en todo sentido. Desde muy pequeña viví rodeada de lujos a costa del dinero de mis padres. Fui la niña ejemplar que ellos querían que fuera y me mantuve así hasta el día que les hablé de mi embarazo. Era muy joven, estaba en el primer año de universidad y una noche alocada con mis amigas terminó por dejarme colada de un hombre que apenas conocí en un club, del cual solo supe su nombre al verlo en su billetera antes de salir de la habitación del hotel. Vigo Nóvikov. Un hombre alto, imponente, varonil, cuerpo de dios griego, el adonis perfecto para cualquier mujer. Ojos azules como el océano, cabello dorado, barba del mismo color perfectamente afeitada, sin olvidar el gran paquete que tiene entre las piernas, del cual no he podido olvidarme

