Carmina caminó de aquí para allá por la cocina, mientras su cabeza recordaba esa mirada en el pasado. Había sido como la lleva y trae de Antonella desde que comenzó a trabajar en esta mención, pero tenía mucha más afinidad con el señor Enzo. Y sabía que esa mirada de su señora, solo indicaba problemas. Ella saltó cuando escuchó la puerta de la entrada, y caminó un poco para notar al señor de la casa con un maletín. —Hola, Carmina… ¿Mi esposa? —ella abrió la boca, y luego negó. —Señor… ella… acaba de irse… Enzo arrugó el ceño dejando su maletín a un lado. —¿Estás segura? Acabo de decirle que venía en camino… —él sacó su teléfono celular y marcó. Pero fueron intentos fallidos—. ¿Le dijo a donde iría? ¿La escuchó decir algo? —Carmina se mordió la boca por dentro. —Señor… yo… cre

