A la mañana del segundo día mi padre murió rodeado de sus tres hijas y en paz. Flavio se encargó de darle un digno entierro, también se hizo cargo de todas sus deudas si es que las tenía y confirmar el estado de su dote, por suerte no había gastado mucho y mis hermanas podrían tener buenas posibilidades de casarse con un buen hombre. A la hora de partir les expliqué a Micaela y a Mariam que si ellas estaban de acuerdo se mudarian con nosotros, más adelante podrían vivir en la casa de que herede de la condesa o incluso en la capital y seguir con sus estudios. Mariam dijo rápido que ella estaría donde yo dispusiera pero que si tenía que elegir se quedaría a mi lado. La actitud de Micaela no fue precisamente lo que esperaba, me pidió cambiar toda su ropa, quería vestidos finos y elegantes,

