Avery acarició suavemente a Vivian y dijo distraídamente
—No importa. No merece dar a luz a mi hijo.
Vivian levantó la cabeza para mirar a Avery. Dijo con voz suave
—Avery, gracias por no menospreciarme. Cuando estaba en el extranjero, creía que sólo podía morir de humillación.
Vivian se puso de puntillas, deseando besar los finos labios de Avery.
Pero en ese momento, Avery ladeó la cabeza y salió por la puerta mientras la sujetaba por la cintura. —Debes de estar cansada. Te llevaré de vuelta a tu pabellón para que descanses.
Vivian se apoyó obedientemente en el hombro de Avery. Cuando entró en el pasillo, Vivian echó un vistazo a la sala de operaciones que había al final. Curvó los labios en una sonrisa imperceptible.
En el quirófano, Darlene fue presionada contra la mesa de operaciones. Luchó con todas sus fuerzas, sólo para comprobar que sus manos y pies se sacudían un par de veces.
No tenía fuerzas para resistir mientras sufría el dolor en el corazón y la fiebre alta resultante de la lluvia.
Justo antes de que le pusieran la anestesia, oyó hablar a dos médicos.
El médico que entró desde fuera susurró
—El Señor Gallard ordenó aborto para ella.
El cirujano jefe dijo con tristeza
—Dr. Flaherty ya ha visto los resultados. El útero de esta joven es delgado. Es casi un milagro que pueda estar embarazada. Una vez abortada, sólo perderá su fertilidad para siempre. Además, ella quiere quedarse con el niño. Soy médico, no verdugo.
El médico que entró también se sintió impotente. —Sé todo esto, pero el Señor Gallard dejó claro que teníamos que practicar una operación de aborto como fuera.
El cirujano jefe dijo con voz grave
—No puedo...
De repente, Darlene perdió las fuerzas para resistirse e interrumpió al cirujano jefe. —Hagamos la operación. ¡No quiero al niño!
El cirujano jefe suspiró y dejó de decir nada más. Solo pudo pedir al anestesista que se preparara.
En la mesa de operaciones, la luz cegadora brillaba hacia abajo y Darlene perdía poco a poco el conocimiento.
Volvió a soñar con aquella noche.
Estaba resfriada y no tenía apetito, así que no comió en todo el día. En mitad de la noche, sacudió el brazo de Avery y le dijo que tenía hambre.
Avery se levantó de verdad y preparó un plato de sus espaguetis favoritos con marisco. Pero después de comérselo, Darlene vomitó y tuvo arcadas durante un buen rato.
Estaban muy contentos y fueron al hospital en mitad de la noche para hacerse una prueba de embarazo. Pero resultó que Darlene sólo se había resfriado.
Avery estaba obviamente decepcionado, pero abrazó a Darlene y la consoló mientras ella fruncía el ceño.
¿Qué dijo entonce? “Será muy doloroso dar a luz a un niño. Aún eres joven y no puedes soportar tanto dolor. Nuestro bebé te ama y quiere venir cuando estés preparada”.
En aquel momento, Avery probablemente pensaba en ella como Vivian. Era curioso que Darlene siguiera fantaseando, quizá Avery la quisiera un poco.
«Avery, nuestro bebé finalmente llega, pero lo mataste con tus propias manos».
La conciencia de Darlene se recuperó gradualmente mientras la trasladaban a la camilla. El guardaespaldas de Avery la empujó fuera del quirófano.
La camilla pasó por delante de la sala en la que se encontraba y siguió avanzando.
Darlene tenía un mal presentimiento en el corazón. Dijo débilmente
—¿Puedo descansar ahora en la sala?
El guardaespaldas dijo con voz fría
—La señora Sheridan siente lástima por usted y quiere verla.
Los labios de Darlene se curvaron en una sonrisa burlona. Las lágrimas le caían por la mejilla desde las comisuras de los ojos.
Darlene perdió a su hijo y presentó su miserable aspecto al amante de Avery para divertirse.
La camilla fue empujada hacia la sala. Avery estaba sentado de espaldas a la puerta. Probablemente oyó el ruido, pero no se volvió.
Su mano, que sostenía un cuchillo de fruta, temblaba ligeramente mientras pelaba una manzana.
Pero ese leve instante fue captado por los ojos de Vivian.
Vivian miró el rostro pálido de Darlene mientras ésta yacía en la camilla. Vivian fingió tener prisa por levantarse de la cama, pero no tenía fuerzas. Susurró
—Avery, no puedo levantarme. ¿Puedes ayudarme a ver a la Señora García?
Avery no respondió. Vivian volvió a llamarle y le paró en seco. Avery se levantó y ayudó con cuidado a Vivian a salir de la cama.
Darlene tenía los ojos fuertemente cerrados. Todo su cuerpo, desde la punta de los dedos hasta el lóbulo de la oreja, estaba pálido.
Si se levantara un poco la sábana blanca que cubría su cuerpo, parecería un cadáver a punto de ser empujado a la morgue.
Vivian tomó la mano de Darlene con sus manos temblorosas. Su voz estaba llena de culpa e inquietud. —Señora García, es culpa mía. Debe de estar sufriendo. Lo siento.
Se le caían las lágrimas y se le entrecortaba la voz. Estaba trabajando más duro que la gente en el funeral.
Avery estrechó a Vivian entre sus brazos. Su voz era suave. —Está bien, no mires más. Te ha hecho daño hasta este punto. Sería piadoso mantenerla con vida.
Vivian sollozó. —Avery, tengo mucho miedo. Tengo miedo de abortar. Parece tan doloroso. Me dolerá.
Avery tenía el corazón roto. Le prometió sin vacilar
—No te preocupes, Vivian. No dejaré que sufras así. Cuida de ti misma y del bebé. Reconoceré al niño como propio y m*****o de la familia Gallard.
Las yemas de los dedos de Darlene temblaban débilmente. Se rio amargamente en su interior.
Un corazón roto no sufriría más que esto.
«Avery mató personalmente al bebé que llevaba en mi vientre, uno de su propia estirpe y optó por criar al hijo bastardo en el vientre de Vivian».
Después de amar a Avery durante tantos años, Darlene comprendió por fin que estaba muy equivocada.
Darlene era sólo una sustituta y nunca recibió el amor de Avery.
Desde el principio hasta el final, a Avery sólo le gustaba su cara, que era parecida a la de Vivian.
Con un estallido de dolor en el corazón, Darlene perdió por fin todas sus fuerzas y cayó en un profundo sueño.
Cuando despertó, era la mañana siguiente.
Estaba tumbada en el dormitorio de Villa Southwood y miraba la luz del sol que entraba por la ventana. Se sentía como si hubiera pasado toda una vida.
Villa Southwood era el lugar donde Avery y Darlene podrían vivir después de casarse. Ella lo eligió hace dos años.
Darlene extendió la mano y sintió que la sábana estaba caliente.
«¿Avery también durmió aquí anoche?»
Darlene quiso levantarse, pero justo cuando se movía, un dolor agudo le llegó del pecho.
Darlene se agarró el pecho y tosió violentamente. Se movió con dificultad hacia un lado de la cama y abrió el cajón de la mesilla de noche. Se sirvió unas pastillas y se las tragó.
«¿Medio año era demasiado poco?» Tuvo que soportar este tipo de tortura peor que la muerte durante casi doscientos días y noches.
La píldora estaba atascada en su garganta. La tragó con fuerza y una sensación de dolor brotó de su garganta.
Extendió la mano y se acarició suavemente el vientre. Estaba plano. El bebé había desaparecido así.
Darlene se sintió desesperada y dijo suavemente
—Avery, no te querré más...