—¿Cómo te sientes abuela? —Mejor, querido, pero ven aquí —dijo Fedora Belchenov, Ymir se sentó a su lado—. Mira esto —dijo mostrándole aquel collar que contenía un anillo, Ymir lo miró con ojos intrigados, era muy costoso. —¿De quién es? —Es de Meissa, se lo vi puesto al cuello, quizás se le cayó en algún momento, debes ir a dárselo. —Sí, claro. Mañana hablaré con el señor Hidalgo. —No, hijo, ¿Mañana? No, hazlo ahora y de una vez, podrás invitarla a cenar. —Abuela, ¿Acaso le quitaste tú este collar a propósito? Fedora sonrió divertida —¿Y qué? ¿Acusarás a tu abuela solo por querer conseguir a una linda esposa para su único nieto? Hijo, ya tienes veinticinco años, además, yo soy muy vieja, antes de partir quiero verte casado, feliz y con un bebé, ¿Es eso mucho pedir? Ymir rio de su

