Y si vas a ser mala, sé la más mala, nada a medias... La señora Felman descansaría de la energía y vitalidad de Florence, porque claro que era un remolino, así la tenía clasificada su madre. Trataba de que no saliera de la habitación mientras el señor Koch estuviera en casa, y todo debido al miedo y aprehensión que sentía con respecto a que terminara quitándole a su niña. A veces no lo podía evitar, porque cuando menos lo esperaba esos dos se encontraban y platicaban, recordándole quizá lo mucho que Florence extrañaría a Carter. Así que se escapó unos minutos y dentro de la habitación tomo el teléfono y le marco a Amelia. —¡Hola! ¿Quién habla? —Amelia, soy Samantha... —¡Qué alivio escucharte! ¿Cómo están? No sabes lo que he sufrido estos meses sin saber de ustedes. —Discúl

