En el camino de regreso al pent-house del señor Koch, Samantha se fue preparando, su mente conjuro posibles escenarios y las formas en que ella debería abordarlos, de presentarse. El chofer no la pierde de vista y va con ella hasta verla entrar al departamento, Adele quien abre la puerta y la recibe la ve con compasión. —¿Y las niñas? —es lo que más le interesa en aquel momento a Sam. —Ellas están bien, ha sido difícil, Florence ha llorado mucho y Harper no quiere comer. Samantha tiene lágrimas en los ojos, esa es la razón del porqué el señor Koch la ha traído de vuelta. —Ven, querrás bañarte y comer algo, por el momento no debes preocuparte por ellas están descansando. Una vez aseada, un plato de alimento la espera, pero más que hambre solo tiene temor, de lo que pasará. La

