Poder ayudar al prójimo, tarea que pocas personas toman en sus manos... El turno de noche se convirtió en el cobijo perfecto que la quietud les proporcionaba tanto a Sam como a la enfermera Beth, una mujer de casi medio siglo, quien con tantos 25 años laborando en el sector salud estaba asqueada de los casos de negligencia. No obstante, lo que ambas se proponían ponía en riesgo el trabajo de aquella mujer de buen corazón y conciencia limpia. —Beth, en serio no te involucres de más, solo indícame el camino a seguir y yo lo hago, no me podría perdonar que por mi causa te veas implicada. Aquello reafirmo la convicción de la enfermera de ayudar a la pobre Sam, que seguramente terminaría con respuestas que poco llegarían a ser satisfactorias. Esa era su corazonada. Beth tuvo que pedir

