Preparativos de la cena.

1171 Words
Pasión Prohibida. Narrador. Hablar de negocios no era la principal forma más conocedora de Agatha, sin embargo, estaba reunida con el abogado de la empresa. Su marido, el Sr. Johnson había dejado ciertas deudas de su gran empresa. Julianne era una de las accionistas potenciales de aquel dominio empresarial pero su padre no compartía secretos y con ella, no lo hizo. - Esta deuda ya se venció y ésta está a punto de vencerse - dijo el abogado. Agatha prestaba atención hasta que llegó Julianne tomando una postura muy fina y con carácter. - Estamos hablando de negocios Julianne - dijo Agatha con un tono irónico al verla a los ojos. - Soy socia, debería enterarme - - Ah bueno entonces también compartes las mismas deudas - Agatha no dejaba de lanzar dardos. Julianne sólo sonrió con desprecio. - Los bancos ya nos cerraron el crédito hasta que haya nuevos aportes al capital - - Yo tengo un dinero que podría usarlo para ello, no es una gran suma pero puede ayudar. Estoy trabajando en algo que a la larga puede ser una gran salvación para los Johnson - y miró a su hija quien reconocía de que se trataba. - ¿Que día podríamos tener esa suma?- preguntó de inmediato el abogado. - El lunes le estaré avisando - El abogado se marchó sin más y ellas se miraron. - ¿Esto? - y la continuó viendo. - Fue lo único que nos dejó tu papá, deudas. A ver si ahora conociendo nuestros estados financieros, entiendes el porque de como hago las cosas y dejas de juzgarme. Estamos a punto de caer en la quiebra Julianne, por eso hago lo que hago, por eso las cosas se me tienen que dar con el Sr. Griffin - - Eso espero - pero la respuesta de Julianne no tenía ni pie ni cabeza. Ella sabía lo que pasaría. Engañaba a su madre con aquella mentira que la podía destrozar al saber la verdad. - No lo puedo echar a perder. No se te ocurra hacerme quedar mal frente a él- - No, ¿cómo crees madre? Seré sólo sonrisas - - Eso quiere decir que apruebas mi relación con el Sr. Griffin - y movía la cabeza afirmando con una sonrisa a medias. - Por supuesto que si, además entiendo todo el sacrificio que estas haciendo, de verdad te deseo todo lo mejor, espero que lo logres - Había una seriedad en Julianne que no le permitía ver a su madre que no le interesaba para nada su felicidad. Por otro lado, el Sr. Griffin en su privacidad pensaba una y otra vez en todo lo que sucedió en aquel cementerio. Era un sueño que un hombre como él pensara en una joven cómo Julianne que de seguro podría ser su hija. La edad no era impedimento pero un hombre tan correcto como él se estaba viendo perjudicado por sus pensamientos y emociones. Dejarse llevar nunca fue el más certero consejo que pudiese tomar, pero allí estaba él, deseando a una joven que aunque tenía sentimientos por él, le doblaba la edad. Sentía que su amor o sus caminos eran prohibidos pero ya no había marcha atrás. Julianne y él estaban tan cerca uno del otro en lo emocional que iba a todas por ella. Una mujer como ella no podía simplemente dejarlo atrás. Su blanca piel, esos labios rojos, su cuerpo con finas curvas, la altura de una reina de belleza y su incalculable hermosura, la hacían la compañera perfecta y más cuando la dulzura que Edward Griffin veía en ella, permitía toda respuesta positiva en eso que sentía. Julianne también se descubrió pensando en él mientras se arreglaba para la cena. Recordaba ese momento juntos y sonreía. Agatha sentía que era ahora o nunca, probaba todo lo que creyera que funcionaría para atrapar al hombre que amaba a su hija. Alex y Bethany eran invitados a esa cena, pero algo a la nueva esposa la incomodaba y era la poca prudencia en la que los padres de su ahora esposo, se habían marchado después que ella firmara el acuerdo prematrimonial. - ¿No se supone Alex que al yo firmar eso, tus padres asistirían sin problemas a nuestra boda y así me aceptarían?- - Mi amor, ¿De que estas hablando? Mis padres siempre te han aceptado - - Entonces, ¿Por qué el desplante e irse?- - Nena, no lo tomes personal - - No me gusta sentirme rechazada y mucho menos ahora que soy tu esposa - En ese preciso momento, tocaron la puerta y Alex fue a ver quien era. Otro ramo de rosas había llegado para la pareja sin tarjeta como la primera vez. - ¿Ya no hemos recibido muchas rosas del hotel?- preguntó Alex curioso a Bethany. - Si - y no lo miró, sabía quién era el remitente. - Están felices por nosotros amor - y besó a su esposo y lo apresuró para llegar temprano a la cena. Alex amaba a Bethany, estaba loco por ella pero su padre, Theodore Blake era imponente, fuerte, un hombre nada correcto pero con temperamento de los mil demonios. Es un hombre que nunca le tuvo mucho amor a la familia Johnson y menos tanto respeto a su competencia Edward Griffin. Alex, siempre deseó estar al frente de la empresa de su padre pero una relación con él era casi un imposible. No podían conversar sin que Theodore no lo hiciera sentir inferior. - Mamá, ese cheque no puede rebotar. Agatha es capaz de destruir mi matrimonio - La madre de Alex fue quien sacó ese cheque de la empresa de Blake. Él no tenía conocimiento de ello, el acuerdo prematimonial se llevó a cabo bajo un engaño. Bethany firmaría sin saber el acuerdo que Alex y Agatha habían llegado y menos de la existencia de aquella suma plasmada en el cheque y Theodore Blake aceptaría ir a la boda, después de Bethany firmara y así él no dejar su patrimonio en manos de Agatha Johnson con esa boda que él creía, había sido arreglada por ella. — Espero que no, es demasiado pronto - dijo alarmada. En ese instante entró a aquella sala donde sólo estaban Alex y su madre, Theodore Blake con su caminar imponente y haciendo comentarios. — Ya te aburrió tu vida de casado con la oportunista de tu esposa por lo que veo — — Theodore, basta por favor — Alex se levantó del sofá tan rápido como pudo y con una ira incontrolable. - La dama a quién te estas refiriendo así, es mi esposa, tu nuera - - Por desgracia - dijo con resentimiento. - Jamás tendré que ver con esa familia y menos con la víbora de Agatha Johnson. Mi sentido pésame - y se marchó. Alex y su madre se miraron con tristeza por esas palabras duras que Theodore había pronunciado. Quedó en Alex aquel dolor que no pensó tener y sabía que el camino sería duro.
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