La mandíbula del italiano se apretó con fuerza, pero sin soltar ni un solo quejido de dolor, el medico sacaba la bala con concentración, pero a petición de Lucían sin ninguna gota de anestesia, en cuanto le encontraron sangrante su colera solo aumento dejando de lado la gratificación que habían sentido cuando asesinaron a los Rossi. Ahora se encontraban en la residencia de Lucca, bajo la seguridad de enormes murallas, pero con la misma seguridad y lujo que en la Toscana, solo que sin el contacto de la gente que era común en la zona florentina. —¿Tu estas bien? —Preguntó Leonard a la mujer sujetándola de la barbilla para poder mirar su rostro y comprobar que no tuviera rasguños, su rostro estaba intacto, pero para la mala suerte del hombre sus manos estaban llenas de marcas dejadas por la

