EVELINE
El baile de apareamiento anual había terminado. Grupos de amigos y nuevas parejas abandonaban poco a poco las puertas de la mansión.
Observo como los últimos guerreros que custodiaban el evento cierran las puertas de la mansión.
Ahora, los únicos hombres lobo que quedaron fueron cinco dioses griegos y yo, la más hermosa de todos.
—Te llevo conmigo—, ordena Dante con firmeza a pesar de la tensión que nos rodea. O no es capaz de percibir lo que le rodea o simplemente le importa un bledo.
—De acuerdo—, respondo brevemente, sin saber qué más decir. Una parte de mí aún no procesaba lo que realmente estaba pasando. Simplemente se sentía demasiado irreal.
Sacándome de mis pensamientos, oí al tipo llamado Demian contener una risa sin humor. Era una risa que me estaba volviendo loca mientras intentaba contenerme de asesinar a ese hijo de pvta.
—No nos precipitemos ni seamos inapropiados, amigos. Le pediremos permiso a su Alfa —me mira—. Ah, espera... no tienes manada.
El rubio se ríe y le da una palmadita a Demian en la espalda. Y yo que creía que estaba de mi lado. ¡Menudo traidor!
—Te diría que te callaras o te corto la p0ll4, pero... —digo. Mis ojos recorren su cuerpo de arriba abajo, burlándome, igual que él—. No tienes.
El rubio suelta una risa fea y, a cambio, su hermana le lanza una mirada dura.
Como si fuera una señal, pasa un viento fuerte que hace que se me caiga la capucha.
Hanna da un paso o dos hacia adelante.
—Te sugiero que dejes de hablar —dice con cierto disgusto—. Te estás pasando de la raya.
—Lamento informarte, pero no pongo límites. —Le guiño un ojo.
Me lanza una mueca de desprecio y camina hacia mí, pero se detiene al instante cuando su compañero la agarra por la cintura y la atrae hacia él. Su cuerpo se relaja al instante bajo su agarre.
Podía oler la tensión en el aire. Nos estaba acosando, obligándonos no solo a mí, sino también a ellos, a luchar.
Claramente, mi presencia parecía socavar su autoridad, y ansiaban dominar. Obviamente no me tenían mucho aprecio y con gusto recurrirían a la violencia.
Como era de esperar, el chico de pelo rizado se abalanzó sobre mí. El espacio entre nosotros me dio tiempo suficiente para reaccionar. Sonreí mientras me posicionaba rápidamente y levantaba el arco, lista para disparar antes de que pudiera acortar la distancia que nos separaba.
Hace tiempo que no disparo una flecha. Mis manos llevan demasiado tiempo limpias de sangre. También tengo una flecha nueva. Brillante y con punta plateada.
Demian sería una gran prueba. Me pregunto qué tan lindo se vería con sangre goteando del ojo.
Agarro la cuerda del arco, la tenso y la suelto, apuntando a su ojo.
Se da cuenta demasiado tarde e intenta agacharse. Sonrío aún más, considerando que la misión está cumplida.
Sin embargo, antes de que lo alcance, encuentro a mi Mate en el centro de mi vista. Una flecha entre sus palmas. Deja escapar un suspiro tembloroso antes de partirla por la mitad y dejarla caer al suelo.
Sus ojos estaban fruncidos y por primera vez mostró un signo de irritación.
¡Qué bonito!
—¡Que te j0d4n! —digo furiosa—. ¡Eso era nuevo, Dante! ¿Sabes lo difícil que fue robarlo?
—Como te resulta tan fácil, puedes robar otro sin esfuerzo—, me dice con tono serio.
—Está bien—, resoplé.
—Ahora deja el arco a un lado—, me ordena. Lo miro fijamente, inmóvil. Al notar mi inmovilidad, me advierte: —Eveline.
Mantengo mis ojos fijos en él y noto que sus ojos se vuelven de un gris brillante y aterrador.
Oh, no.
Dejo caer mi arco. Luego, me pongo la capucha y regreso a mi estado de soledad.
Dante se vuelve hacia sus amigos.
—Espero que todos sepan que soy su Alfa. Y aunque no lo fuera, recuerden —hace una pausa, afirmando su dominio. Les lanza a sus camaradas una mirada fría—. Que soy el Licántropo. No me obliguen a castigarlos. Esa falta de respeto es inaceptable. Espero que todos aprendan a respetarse mutuamente.
Asienten e inclinan la cabeza en señal de sumisión.
—Sí, Alfa.
Levanta la barbilla de Demian con el dedo, quien permanece en silencio. Su expresión, sin embargo, denota rabia.
—Eres mi Gamma, ¿verdad, Demian?
Dudando en responder, dice lentamente:
—Sí, Alfa.
—Entonces actúa como tal.
Casi dejé escapar un bufido.
—Lo mismo digo para ustedes. No hagan que me arrepienta de haberles otorgado puestos tan altos—, añade. Luego me mira, con el ceño fruncido y la mirada aparentemente suavizada. Una sonrisa pícara se dibuja en su rostro, haciéndome saltar el corazón. —Y, como si no fuera así, viene con nosotros.
Demian gruñe, ganándose una mirada hostil de Dante.
Dante me sorprende. Algo en él lo distinguía de los demás lobos. Se sentía diferente. No era por ser mi Mate ni por ser un alfa, ni siquiera por ser el licántropo, título que se le otorga al lobo vivo más fuerte y reconocido.
Era la astucia que se reflejaba en su rostro. Era la misma sonrisa pícara y el mismo brillo en los ojos, como si encontrara algo interesante. Se sentía diferente porque, en cierto modo, me recordaba a mí: lleno de secretos y trucos ocultos tras una sonrisa engañosa. Sin embargo, era insondable.
Siempre he sido una persona observadora y siempre pude desentrañar secretos que ocultaban tan preciadamente en un abrir y cerrar de ojos. Para mi desgracia, Dante era mucho más complejo. Mucho más calculador.
Esto me molestó.
Me asustaba el hecho de que me estuviera metiendo en algo de lo que podría arrepentirme.
Lo miro a los ojos, buscando respuestas. Me dedica una sonrisa burlona.
—¿Nos vamos?—, pregunta. Sus ojos se clavaron en los míos. —Antes de que intentemos descubrir algo que no deberíamos.