POV DE VIVIANNE.
Despierto con el sonido de una llamada. Estiro el brazo para agarrar el teléfono, y sin ver quién es, abro la llamada. Cuando escucho esa voz, maldigo:
—¿Por qué me llama a esta hora?
—Para que se aliste. Paso por usted en media hora.
—¡No! —digo al sentarme de una—. No puede venir por mí.
—Entonces la espero en el mismo lugar de ayer.
—¿Por qué? —pregunto, bajando la voz para que no se escuche afuera, ya que mi madre ha de estar despierta—. ¿Por qué quiere verme otra vez?
—Es mi esposa, ¿no? Puedo verla cuando yo quiera. Además, es su trabajo y va a recibir un sueldo por ello, así que la quiero en media hora en el mismo lugar de ayer —cierra la llamada y me deja con la palabra en la boca. Aprieto mis dientes y le hago muecas al teléfono como si él pudiera verme.
Suspiro profundo y voy corriendo a la ducha. Con la pomada que mi madre me puso ayer, el dolor de la cadera se fue. Me visto de prisa, rocío algo de perfume y retinto mis labios; las pestañas no serán atendidas hoy, no tengo tiempo para pintarlas.
Agarro mi cartera y salgo. Mamá tiene servido el desayuno y me obliga a comer. Tengo que sacar mi celular y enviar un mensaje a mi falso esposo para que espere un poco más, porque al parecer mi madre quiere hablar. Agradezco que comprenda y no insista en que vaya de prisa.
—Hablé con mi hermana —se escucha triste. Mamá tiene una hermana que vive en el estado de Texas; hablan a diario, pero no se han visto desde hace mucho—. Está enferma, sus hijas no cuidan de ella, su nuera tampoco quiere hacerlo y… comprendo el dolor que siente —está sola. Vivi, la tía, es como doce años mayor que mi madre—. Tuvo una caída y se ha lastimado la rodilla, no puede caminar, ni siquiera para ir al baño.
—Entiendo. ¿Quieres ir a visitarla?
—A cuidar de ella, Vivi. Si pudiera, la traería, pero ella no quiere venirse, no quiere dejar su hogar, y no entiendo de qué hogar me habla si solo es ella y nadie más. Nietos e hijos ni la visitan. Solo mira cómo la han dejado sola en estas circunstancias. Me da tanta pena mi hermana; está sobreviviendo por una vecina que es muy amable y la ha estado cuidando, pero esta señora empieza a trabajar la siguiente semana y ya no podrá cuidar de ella —mamá agarra mi mano—. Vamos a Dallas. Con los ahorros que tengo, si nos alcanza, allá buscas un trabajo, Vivi, al menos hasta que tu tía se recupere.
Sería una buena idea irme y desaparecer, pero tengo un contrato firmado con Nikolai Harris, y en lo loco que está, me temo que me buscará, y donde me encuentre, me obligará a pagarle.
—Mamita, no puedo. Yo ya encontré un trabajo; es más, empiezo hoy.
—¿Te dieron el trabajo? —asentí, fingiendo emoción—. Me da gusto, cariño.
—Lo sé —beso sus manos y suspiro—. Porque no vas tú a Dallas, cuidas de mi tía y con lo que hago me encargo de tus medicinas.
—Sí, lo haré, pero me da cosa dejarte sola.
—No te preocupes por mí, estaré muy bien. Pasaré casi todo el día en el trabajo, llegaré a casa a dormir, mamá.
—¿Tonto? ¿Trabajarás?
—Son doce horas.
—Eso es un abuso —reprocha—. ¿Cuál es el abusivo que te ha dado ese trabajo?
—Peor es nada, mamá. Esto será solo los primeros días, porque estoy recién empezando. Además, me pagarán horas extras —no sé cuándo empecé a mentir tan perfectamente.
Lo bueno de todo es que mi madre me creyó. Quizás sea muy cruel lo que voy a decir, pero bendita sea la caída de la tía, más aún, benditos sus hijos que la abandonaron; más bien desgraciados por ser tan crueles con ella. Pero gracias a eso, mi madre saldrá del estado y así puedo preparar un plan para presentarle a Nikolai.
Joder, quisiera nunca presentarle a ese hombre, pero tengo que hacerlo, aunque no sé cómo le voy a hacer cuando me toque decirle que estoy casada con él, porque al volver me encontrará casada. Suspiro profundo y me calmo. Ya se me ha de ocurrir algo; creo que tendré mucho tiempo para preparar un plan. La recuperación de la tía no será en una semana, menos en un mes; ha de tardar algunos meses.
Dentro de media hora llego al mismo local de ayer. Busco a Nikolai y no lo encuentro. ¿Será que ya se fue? Si es así, por mí mejor, pero no creo que aquel demonio disfrazado de hombre se haya ido. Saco el teléfono para llamarlo. Al instante contesta:
—¿Dónde está?
—En el coche. ¿Ya llegó? —asiento con un sí—. Ya voy, espéreme ahí —dice y cierra la llamada. Guardo el celular y me cruzo de brazos. Al rato siento unas manos posarse en mi cintura; aquel contacto me hace saltar, mi corazón se acelera y mi piel entera se eriza al sentir el susurro de Nikolai.
—¿Qué le pasa? —cuestiono al apartarme—. ¿Por qué llega así y se acerca de esa forma? —arquea una ceja; decir que esa expresión le hace ver horrible sería mentir. Se ve perfectamente hermoso con cada expresión que hace.
—No se volverá a repetir —dijo al dar la vuelta—. Vamos —se dirige al auto.
—¿Dónde vamos? —pregunto yendo tras de él—. ¿No va a desayunar?
—Ya lo hice —dice al ingresar.
—O sea, que no me iba a esperar para comer.
—No acostumbro a esperar a nadie —replica al acomodarse el terno—. Además, sabía que iba a desayunar con su mamá y que solo llegaría a verme desayunar —rodé los ojos porque este idiota parecía leer mis pensamientos.
—¿Dónde vamos? —vuelvo a preguntar porque esa pregunta no me la respondió.
—Vamos a una boutique. Necesitamos conseguir un vestido para el fin de semana; imagino que no tiene —tengo de sobra porque mi madre me los elabora.
—¡Qué dice! —reprocho ofendida—. Imagina mal, tengo vestidos de sobra, hasta para regalar. —Y no miento; están colgados muchos vestidos en mi armario que mi madre me cosió desde que era una puberta.
—No creo que sean apropiados para una noche como será la de nuestro compromiso.
—¿Por qué? ¿Porque no son de marca? —me mira por un instante.
—Si le soy sincero, sí. Creo que no han de ser apropiados para presentarla ante mi familia —suspira—. Cualquier mujer estaría feliz de ir de compras, y sobre todo a una boutique.
—El detalle es que no soy cualquier mujer, señor Harris. Soy Vivianne Miller, una mujer sencilla que no se avergüenza de vestir con la ropa que mi madre me cose.
—¿Su mamá le cose la ropa? —recorre la mirada por mi ropa.
—Sí, ¿por qué? ¿Algún problema con eso? ¿No le gusta que su esposa falsa vista así?
—No tengo problema con cómo se vista mientras esté en casa o salga, pero lo que sí quiero es que para esa noche utilice algo más acorde a la esposa de un CEO como yo.
—¿Solo por esa noche? ¿Y qué de especial tiene esa noche, señor Harris? —me mira directo a los ojos; flaqueo ante su mirada.
—Es nuestra fiesta de compromiso; habrá muchas personas de la alta sociedad.
—Suciedad diría yo —digo y finge una sonrisa.
—Como nos considere, señorita Vivianne, pero lo que sí le digo es que estarán todos mis amigos, mi familia, gente del gobierno.
—¿Tan importante es? ¿No le da miedo que lo secuestre? —sonríe de medio lado y estira su brazo por sobre la cabecera del sillón.
—No, no me da miedo en lo absoluto que me secuestre —pongo los ojos en blanco porque sus palabras, como que siento que se van por otro lado.
Suelto un suspiro y giro mi cuerpo en dirección a la ventana, pierdo la mirada en la ciudad. De pronto, siento que acaricia mis cabellos; le regreso a ver y conecto la mirada con esos intensos ojos celestes.
—Tiene un cabello muy hermoso —siento mi estómago en el aire, también como si un remolino me ha atrapado.
—¡Gracias! —digo, permaneciendo la mirada. Vuelve a deslizar la mano y se la detengo; paso gruesa saliva al sentir lo caliente de su piel.
—Está muy helada, señorita Vivianne —le coloco la mano en su lado y digo.
—No vuelva a tocar ninguna parte de mi cabello sin mi permiso, ¿entendido?
—¿Por qué? —inquire al acercarse más.
—Señor Harris, mantenga su distancia —digo al dirigir la mirada al frente. De reojo le veo sonreír y alejarse; suelto el aire retenido y me relajo un poco. Su cercanía me estaba asfixiando.
—Ok, mantendré mi distancia.
A pesar de que se coloca muy cerca de la otra ventana, me siento incómoda. Deseo que lleguemos pronto; no creo soportar un minuto más cerca de él.
Cuando llegamos, bajo antes de que me abran la puerta. No acostumbro a ser una inútil que espera sentada a que el hombre de adelante o su acompañante le abra la puerta; mientras tenga manos, lo haré. Al ver el lugar, suelto un suspiro.
Decir que nunca quise ingresar a una de estas tiendas y comprar cientos de ropas sería mentir. Es lo que a muchas mujeres nos gusta, ir de compras, pero mi pobre presupuesto no me lo ha permitido. Tampoco es que muera por hacerlo.
—Ingresemos —forma un triángulo con su codo para que me agarre de su brazo.
—No, no haré eso —digo y me propongo a irme. Doy dos pasos y siento el agarre en mi mano; me quedo congelada ante ese contacto, paso gruesa saliva y suspiro profundo.
—Tenemos que empezar a practicar la cercanía; de todo eso se fijará mi familia —musita cerca de mi oído—. Espero no le moleste que le tome la mano —bajo la mirada y la vuelvo a subir, dejándola conectada con la de él.
—No… no me molesta —digo con los labios temblando.
—Bien, entonces vamos —mantiene mi mano bien apretada. Camino como si fuera por el aire; me siento tan importante al caminar tomada de la mano por este hombre que últimamente ha despertado sensaciones jamás antes sentidas.
Mientras me mido los vestidos que la chica me trae, recuerdo lo que dijo Nikolai sobre que su familia observará cada detalle. Me pregunto por qué quiere llevar una esposa falsa a su familia cuando está tan guapo que podría conseguirse una novia de verdad y proponerle matrimonio.
¿Acaso es gay y quiere demostrar que no lo es?
Es lo único que se me ocurre, porque después de haber leído el contrato no existe ningún punto donde indique intimidad; ni siquiera habla de tener hijos.
¿Será que quiere aparentar ante su familia un matrimonio falso para esconder su preferencia s****l?