Diego
— No sé si pueda, Jessy.
— Te estoy avisando dos meses antes; no puedes fallarme. ¿Recuerdas cuando de chiquitos hablábamos de nuestras bodas?
Reí — Sí, decías que te casarías con un príncipe en un castillo en la Luna.
— Y tú con Angelina Jolie.
Reímos fuerte.
— Diego, me dijiste que serías mi padrino, incluso si era en la Luna. Me caso un poco más cerca, en Argentina — hace puchero.
— Haré lo posible.
— No estás cerrando un negocio; si no vienes y eres mi padrino...
— Me dejas de hablar.
— No te lo juro; llevaré a Paloma con unos strippers y la emborracho hasta que baile en el tubo.
No voy a mentir, eso me hizo gracia solo imaginarme a Paloma en el tubo.
— Le brillaban los ojitos cuando le dije que vendrías.
— ¿De verdad o lo estás diciendo para que vaya?
— Te lo juro; además, el tío te necesita con tu presencia, sibrellevaría mucho mejor los problemas de la empresa.
— Jessica, volver sería como ceder; además, estoy muy bien con mi trabajo.
— Trabajo consigues en cualquier lado, Dieguito, pero tu familia te necesita. Héctor está en la edad de la rebeldía; necesita tus consejos, y con el divorcio de los tíos, peor.
Tiene razón; el divorcio de mis padres afectó mucho a Héctor, a toda la familia en realidad. Yo no culpo a papá ni a Lucila; sé que el matrimonio de mis padres siempre fue una farsa y debió acabar hace mucho tiempo.
— Diego, todos te necesitamos, yo te necesito — hace puchero.
— Eso es muy bajo, Jessy, no eres mi conciencia, ¿sabes?
— Primero haces de Cupido con Sergio y ahora...
— Yo te dije que te casaras, ¿no? — bromee.
— Solo piensa en todo lo que te dije.
— Lo haré; tengo trabajo. — Me desconecté.
En la noche, fui a mi bar favorito a tomar una copa; debo reflexionar todo lo que está pasando.
Estuve haciendo cuentas y, con mi ascenso, haciendo algunos sacrificios y vendiendo mi departamento, sí llegaría al capital inicial que necesito para mi empresa.
Pero volver a Argentina, ver de nuevo a Paloma, enfrentar a mi familia luego de casi huir... Fue muy difícil para mí descubrir de lo que son capaces mi abuela y mi madre; no tienen límites. No solo casi encierran a Paloma; mi abuela prácticamente me obligó a mudarme a España a cambio de retirar los cargos en su contra.
Jessy tiene razón; son más importantes mis padres y mis hermanos que esas brujas. No puedo ser egoísta con mi familia. Ellos me necesitan, y yo los he echado de menos a todos, incluso a la pesada de Fernanda.
Alguien menciona mi nombre y me saca de mis pensamientos.
— Diego Montiel.
Es la última persona que pensé que volvería a ver en mi vida, mi loca acosadora. Mónica Luna.
Me besa en la mejilla — ¿Qué haces acá?
— Necesitaba relajarme, ya me iba — me paro.
— Escúchame, Diego; siento todo lo que pasó. Yo cambié; ya no soy la niña tonta de antes. Me avergüenzo de todo lo que les hice a Paloma y a ti.
Se requiere valor aceptar los errores y pedir disculpas.
— El pasado ya no importa.
— Todos merecemos una segunda oportunidad, ¿me la darías? Si dices que no, lo entenderé.
Yo sé lo que es cambiar, y no te crean; antes era egocéntrico, irresponsable y mujeriego. No me importaba nada, y hay gente que piensa que sigo siendo el mismo chico egoísta.
Yo sí creo en el cambio y en las segundas oportunidades. Pienso que tú eres mejor si das una segunda oportunidad; si no funciona, pierde la otra persona por no saber valorar, no tú por creer en ella.
— Está bien, Mónica. Si dices que cambiaste, te creo. Todos merecemos una segunda oportunidad. También me disculpo por si alguna vez te sentiste usada por mí; era muy inmaduro.
— Los dos éramos inmaduros; ahora somos grandes. Me gustaría que retomemos nuestra amistad, si te parece.
— Claro, ahora estoy cansado, pero no hablamos.