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1127 Words
-Si das la talla sí.-Se oye un timbre y no cabe duda de que es el mismo que hay en el mostrador.-Lo siento debo irme de inmediato, me reclaman. Entra enseguida o de lo contrario Adara se subirá por las paredes. Liliana se marcha. Antes de golpear con los nudillos la puerta leo la pequeña placa de color oro con letras de color n***o. Adara Schulz. Suspiro y me doy ánimos a mí misma. Solo rezo porque no sea una tirana. Golpeo la puerta y esta se abre con tal rapidez que pestañeo varias veces. -¿Sí?-Pregunta una mujer de cabello castaño oscuro y ojos de color verde. -Bu... buenos días.-Balbuceo.-Soy Cleo Faus y... -¡Por fin! Vamos pasa. Esto no debe durarnos mucho.-Me interrumpe. ¿No debe durarnos mucho? ¿Se refiere a qué tendremos una entrevista rápida sin más? Entro en el despacho de Adara y todo está patas arriba. Papeles por todos lados hasta en el suelo. El teclado del ordenador junto con el ratón están mal colocados. Absolutamente todo está desordenado incluso el más mínimo detalle. -Bien hagámoslo rápido no puedo perder mucho tiempo o me volveré loca.-Habla Adara.-Siéntate ahí.-Señala una especie de sofá pequeño de cuero n***o que da de frente con la mesa dónde Adara tiene su gran desorden. Una vez que ambas estamos sentadas me observa y coge un papel dónde empieza a escribir muy rápido.-Empecemos serán preguntas rápidas y sencillas. ¿Lista? -Sí.-Digo aunque en realidad no estoy preparada. Al menos he dado un poco de seguridad en mí misma aunque esa seguridad sea fingida porque realmente estoy aterrorizada. -Tu nombre es Cleo Faus ¿Cierto? -Sí, señora. -Bien. ¿Edad? -23 años. -Excelente. ¿Estado civil? -Soltera. -¿Hijos? -No. -¿Tienes pensamientos de tener pronto hijos? -No, quiero tener hijos pero esperaré hasta que tenga una pareja estable y ronde los treinta años. -Perfecto. ¿Enfermedades? -Ninguna de momento. -¿Alguna discapacidad leve o grave? -No. -¿Puedes trabajar de inmediato? -Por supuesto. Cuanto antes mejor.-Sonrío. -Eso es genial. Entonces hablemos de tu horario, sueldo y lo que harás a partir de hoy. -Espere... ¿Estoy contratada? -Sí. Eres exactamente lo que buscábamos preciosa.-Sonríe. -Muchas gracias por esta oportunidad, le prometo que haré todo lo que esté en mi mano para no defraudarla. -Sé que no me defraudarás de lo contrario no estarías contratada. Bien desde ahora señorita Faus serás la ayudante del jefe y... ¡¿Jefe?! -Un momento señora ¿Schulz?-Asiente confirmando su apellido.-¿Usted no es la jefa? Adara ríe. -¿Qué? No por Dios. Solo soy la secretaria del jefe. Él confía mucho en mí y me encargó buscarle una nueva ayudante. El hombre que tenía de ayudante no daba la talla y estaba siempre perdido solo hacía frustrar a James. Mi corazón late con fuerza. Siento una pequeña punzada al saber que Adara no será mi jefa y lo único que sé es que mi jefe es un hombre y su nombre es James o así lo llamó Adara. -¿Estás bien?-Pregunta Adara. -Sí...-Miento.-Esto... yo nunca he sido ayudante del jefe y no creo que pueda hacerlo. Señora Schulz yo solo tengo el título de contable y he ejercido como secretaria en otra empresa a los 20 años. También me saqué el título de administrativa con mucho esfuerzo y sigo estudiando para ostentar otro título. Creo que ser la ayudante del jefe es muchísima responsabilidad para mí. Adara me observa con incredulidad. -Tonterías. Lo harás estupendamente. Ahora hablemos de tus funciones y verás que no es tan difícil. Harás lo que ordene tu jefe, debes llevar las citas o reuniones actualizadas para él y recordárselas varias veces para no faltar a ellas o llegar tarde. Tendrás que moverte con él ya sea dentro o fuera del país. -¿Fuera del país?-Pregunto sorprendida. -Sí. James viaja mucho por todo el mundo. Lo mismo está aquí que dentro de unas horas tiene un vuelo a Rusia, Italia, Francia, España u otros países. -Dios mío...-Digo más para mí que para Adara. -Aprenderás rápido con el tiempo. Ahora hablemos de tu sueldo.-Coge una hoja del cajón de su mesa.-Ganarás exactamente nueve mil setenta y cuatro dólares al mes. Mi boca se abre exageradamente y si mi mandíbula fuera extremadamente flexible me llegaría al suelo. -¿Co... como dice...?-Pregunto sin salir de mi asombro. -Como lo has oído. Los ayudantes en esta empresa ganan más que cualquier otro empleado por el simple hecho de ser la mano derecha del jefe. Quizás en otras empresas no sea así pero en esta sí.-Explica Adara. -Dios mío.-Es lo único que alcanza a salir de mi boca. -Ah sí, tendrás también vacaciones. Esta es la parte que quizás te guste menos. Al ser ayudante y necesitarte constantemente tendrás muy pocas vacaciones. Exactamente no sé cuántos días, puede ser una semana, dos semanas, cuatro días... según le convenga a James. Tu horario principalmente será de siete de la mañana a ocho de la tade, tendrás dos descansos el primero de la una en punto a las dos y media del mediodía y el segundo de cinco y media a las seis y cuarto de la tarde. Por supuesto esto puede variar ya que puede que James la llame antes de las siete de la mañana, puede que no le permita alguno de los descansos o los dos o puede que no termine su trabajo a las ocho y tenga que quedarse más tarde. Se le pagarán las horas extras y evidentemente los descansos quedan incluidos en el sueldo. -Comprendo...-Digo mientras proceso todo. -Aquí tienes.-Me extiende una hoja de papel.-Es el contrato ya puedes firmarlo. -No se lo tome a mal señora Schulz pero yo no firmo nada antes de leerlo o llevarlo a un abogado. -Eres muy lista. Como te dije antes no me defraudarás. Está bien si quieres te daré unos días para leer el contrato y ver si eres apta para este trabajo. A James le diremos una pequeña mentira y le dirás que firmaste los contratos. -¿Los contratos? ¿Hay más de uno? -Sí, es el contrato de confidencialidad. Aquí nos aseguramos que los datos e información de la empresa solo sean entre empleados de la empresa. No queremos que otras empresas nos imiten para obtener los mismos beneficios que nosotros con solo imitarnos. -Entiendo... ¿Y si al final no decido firmar el contrato? Creo que el jefe se enfadará porque él creerá que estoy contratada. -De eso me encargo yo. Le diré otra pequeña mentira, no sé... que has renunciado o que un familiar tuyo está enfermo y no puedes asistir al trabajo. Cualquier cosa que apacigüe su enfado sino te quedas con nosotros.
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