Lord Monteverde y Rodrigo habían tenido una relación cordial, no en el sentido de padre-hijo pero si de Lord a Lord, habían pasado algunos días desde que Adham y Fedra habían partido al palacio de Hielo, pues la princesa tenía que estar en un lugar seguro y el mejor lugar era su hogar para preservar su embarazo. Rodrigo había tomado una participación activa en las decisiones de la guerra como un estratega intelectual, muy a su pesar Lord Monteverde reconocía que había estado subestimando a su hijo, había resultado ser un orgullo para su linaje por el cerebro que tenía y ponía en alto el nombre como el primogénito que era. Ambos se encontraban en el campamento del cuartel general. - Mi Lord -le decía uno de los generales- me han informado que hace unos días vieron al príncipe Leonardo

