Capitulo 11

1057 Words
—Cuídate hija, por favor— En ese momento juro que sentí un poco de angustia en sus palabras, me giré y le sonreí. —Si abuela, nos vemos en la noche— asintió y salí. Por suerte el taxi que había ordenado ya estaba en la puerta así que subí y le indiqué el lugar, mientras comenzamos el recorrido, me llegó un mensaje de Leandro. —¿Necesitas que te busque? — me lo envió hace diez minutos. —No gracias, ya estoy yendo en taxi. Nos vemos allá— luego bloqueé mi teléfono y recosté mi cabeza en la ventanilla. Aún no puedo creer que la loca de mi abuela sepa todos los pasos que ese infeliz da. Y de verdad espero que el profesor Fausto no vaya, solo quiero pasar una tarde divertida y me temo que con su presencia será de todo menos eso. Suena duro, pero, es que imagínense tener al causante de la muerte de tu madre ante tus ojos y tener que fingir que todo está bien, hacer como si nada pasara e intentar callar a las voces de tu interior que te gritan que saltes sobre él y le reclames... Querer ver su cara reflejando preocupación, angustia, dolor. Pero no...debo esperar, aunque sea injusto. Él sí tuvo a sus padres a su lado, si tuvo una madre que la criara, le diera todo el cariño, le consintiera y arropara en las noches y yo, nada. Pero me las va a pagar, tiempo al tiempo. —Señorita, hemos llegado— anuncia el hombre logrando que despierte de mis pensamientos. Procedo a agradecerle y pagarle para después bajarme del coche. Con mi bolso en el hombro ingreso al lugar, dejando mi registro en administración y yendo a mi casillero asignado a dejar mis cosas. Mientras espero a los demás me doy el tiempo de observar detalle a detalle el lugar, las canchas, el gimnasio, y todas las otras maravillas del lugar. Paso por fuera de la cancha de tenis, en donde me llevo un disgusto al ver a Fausto Villanueva jugar con un par de colegas. ¡MALDITA SEAS SARAH! Giro mis ojos y decido ignorarle y seguir con lo mío. Cuando por fin acabé, decido irme directo a la cancha de vóley que queda justo en frente de la de tenis y de casualidad, la única que estaba totalmente vacía por lo qué, decidí que los esperaría aquí. Para distraerme un poco tomo una pelota entre mis manos y comienzo a tirarla hacia arriba, practicando algunos tiros para el partido que se vendría. Pasaron alrededor de tres minutos en los cuales estuve tirando y atrapando sola, hasta que escuché una voz. —Dicen que si juegas de a dos es más divertido— Diablos...esto tiene que ser una broma. —O en equipo, supongo que todo sería más divertido que estar lanzando el balón sola— bromeo intentando ser amigable, Ajá "amigable". —Que sorpresa verte por aquí, de nuevo— Ni tantito. —Pues sí, hace poco comencé mi membresía en este club, necesito despejarme a veces— le sonrío. —Yo soy socio de aquí desde hace unos cinco años, te aseguro que no te vas a arrepentir—— sacó su mejor sonrisa y quise golpearlo. Contrólate Carmín, eres toda una dama. —¿Y decidiste venir sola? — pregunto mientras acomodaba su remera que adornaba algunas gotas de sudor. Hasta sudado se ve atractivo el condenado. —Oh no, de hecho, estoy esperando a algunos amigos— miro mi reloj de muñeca— y creo que se tardaron un poco— —En ese caso, yo puedo hacerte compañía mientras esperas, digo, si tú quieres, Carmín— Suena nervioso lo cual ocasiona mucha seguridad en mí. —Si, me encantaría— contento haciéndome la "tímida"—veamos qué tan bueno es con la pelota— Le tiro el balón, él lo atrapa ágil y ríe—Soy un buenazo en los deportes— —Eso lo veremos— contesto burlona. Así comenzó nuestro mini partido, tuve que controlarme para no pegarle un pelotazo de lleno, no sé como, pero lo logré. A este paso, han pasado diez minutos y ya me encuentro un poco sudada, y molesta debido a que los chicos ya se tardaron y no soporto tenerlo cerca. Hoy no. No aguanté más el sudor por lo que paré y dándome la vuelta quité mi campera deportiva, de reojo noté como el galán de mi derecha tragó grueso y tocó su cuello. Débiles. Todos los hombres lo son. Evito carcajearme y amarro el saco a mi cintura, al querer volver a mi lugar hice un mal movimiento y tropecé, o al menos eso iba a suceder ya que Fausto en acto reflejo, se acercó y me tomó de la cintura y el brazo. Ambos nos quedamos en esa posición, el casi encima de mí y de manera ridícula mirándonos a los ojos. Su color me envolvió en unos instantes, realmente poseía una belleza innata. No sé por cuanto tiempo estuvimos en esa batalla de miradas, si no fuera por una voz gruesa, estoy segura de que hubiera pasado a más. Bendito sea Dios —¿Interrumpo algo?— Esa inconfundible voz resuena por todo el lugar, y yo solo deseo golpear la cabeza de Fausto con el balón repetidamente. Disimuladamente me despego de él, como si nada hubiese sucedido —Oh por supuesto que no chicos, de hecho, mientras les esperaba me encontré con el profesor Fausto y estábamos jugando una partidita, ya saben, para calentar la cancha— Sonrío de forma forzada, miro a Leo quien no luce para nada convencido de mis palabras. Suspiro restándole importancia, lo último que necesito es un drama con él también. Aunque pensandolo bien, no me molestaría que ese bombón me celara... Si, suena algo sádico pero...Leandro provoca en mí cosas que jamás había experimentado, las cuales me encantaría vivir en vivo y directo, cosa que por ahora no es posible debido a que la vida me ha deparado otros planes. Al menos por estos momentos. O eso espero, ya que si todo va bien, todos estarán enterados de lo sucedido, o mejor dicho de lo que tiene que suceder. Resoplo internamente. Mierda. Esto cada vez está siendo más complicado de sostener, al menos para mi.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD