Zigor y Nefered llegaron a un club nocturno, apenas ingresaron el hada sintió la esencia de la muerte, un asesino estaba allí, aun así, mantuvo la calma, lo que la mujer percibía de aquella persona no la asustaba, ellos eran considerados verdugos, no mataban a mujeres, ni niños, solo hombres, aquellos que tenían un alma negra, eran simples humanos que no sabían que eran utilizados por el universo para generar cierto equilibrio. — Zigor ¿qué hacemos aquí? — Nefered buscaba con la mirada al verdugo, pero era demasiada gente la que había a su alrededor. — Tengo una sorpresa para ti. — el brillo en los ojos de Zigor la preocupo y por primera vez decidió tocar su mano. Nefered podía ver el corazón de los hombres, ser juez y verdugo, aquellos que sufren por amor y los que dañan bajo el pretex

