~Capítulo 3~La hermosa niña.

1462 Words
Narra Neferet —Las flores… —Listo —me contesta mi secretaria. Sigo bajando la pestaña de la página abierta de mi tablet, y recuerdo:—¿Chocolates y dulces…? —Listo. —Mmm..., ¿El dinero? —También listo. Hay diez mil dólares en esta pequeña maleta —señala y palmotea el objeto en el asiento de copiloto. De reojo lo veo. —Ok. —Asiento y sigo viendo las últimas tendencias de moda en mi tablet—. ¡Ah!, ¿averiguaste sobre la información del tipo? —cuestiono, sin retirar aún mis ojos de la pantalla. Cruzo mis piernas y me relajo mientras Olenka sigue manejando. —Sí, perdón. Lo había olvidado, ahora mismo se lo envío. La observo por el retrovisor sin gesto alguno, y se pone nerviosa, pero ella no se intimida mucho. Ya me conoce, al menos sabe que con ella tengo más paciencia que con el resto. Ella velozmente realiza unos movimientos en su celular que está en su frente, como guía de GPS, y luego de un minuto me llega el archivo. —¡Lo quiero! —exclamo entusiasmada, ella se sobresalta y frena por mi exaltación. —¿Presidenta? —Lo quiero, es tan hermoso e interesante. —¿Presidenta y como lo piensa obtener? —Con dinero. —Pe-pero presidenta… —replica con asombro. —Parece ser que solo existen pocos en el mundo, así que, deseo que me los consigas. Debes convencerlos que deben de ser míos. —¡Presidenta! —ella se gira a verme más consternada y yo ruedo los ojos. —No hagas drama Olenka. Quiero que me consigas los nuevos zapatos de Amina Muaddi. —Niego la cabeza por su comportamiento—. No creo que será difícil conseguirlos, solo cuestan 8000 dólares y tenemos influencias que nos harán más fácil la compra. Veo que ella tira un suspiro de alivio y asiente ante mi capricho. No sé porque pienso que ella se acaba de imaginar otras cosas raras. Sonrío, y ahora sí, alejando mi mente de la distracción. Inicio por leer el expediente de mi objetivo. De que se llama Gaddiel Preston, ya lo sé. Veo que es joven, tiene 30 años, pero en realidad se viste como alguien un poco mayor. Eso me demuestra que he perdido mi sentido de intuición. Vive en un lugar compartido, su hija Anahera tiene 4 años, y es un trabajador de medio tiempo en una empresa de bienes raíces y es casado. —Vaya… casado. De hecho me lo imaginé, pero ¿porque me decepciona un poco? —Su mujer debe estar furiosa—murmuro. —¿Qué dijo presidenta? Ignoro su pregunta. —Olenka, ¿sabes si alguien más ha ido a visitar a la niña? —Sí, una mujer. «Supongo que es su esposa» —Ok, ¿todo fue correctamente como te dije que hicieras? —En este preciso momento la deberían estar trasladando a un cuarto privado, como lo ordenó. —Bien —le contesto, bloqueando la tablet y me recuesto en la puerta, observando hacia la ventana. Después de pensar un poco, aún tengo dudas. En resumen, por todo lo que he leído, es un hombre común y corriente, que no tiene dinero y trabaja para cubrir algunos pequeños préstamos. De igual forma esta persona por idea suya o con consejos de su esposa, podrían chantajearme, es por ello que antes de que lo haga, me sigo convenciendo de que debo callarlo. Hago pequeños golpes en la ventana con mis largas uñas, mientras veo la lluvia caer, y suspiro al notar que acabamos de llegar al hospital. —¿Desea que la acompañe hasta adentro? —me cuestiona Olenka preocupada. —No, puedo encargarme sola. Mi secretaria asiente y sale con el paraguas, luego retira las cosas del asiento del copiloto y me abre la puerta. Ella rápidamente me entrega el paraguas para no mojarme. Me da la caja de chocolates, las flores, el peluche y el maletín. —Presidenta, ¿Segura que no desea que le ayude? Aún faltan más juguetes que hemos traído. Niego. —Iré primero y luego te llamaré para que me traigas el resto. Ella suspira. —Está bien. —Me voy. Ya entra que te estás mojando —le indico, y me sonríe. Entonces relajando mis hombros e irguiendo mi espalda, camino como la gran señora. Mi saco crema hasta la rodilla me da elegancia, mi enterizo n***o con escote V me hace sexy, pero a la vez distinguida. Hoy quiero mostrar poder, pero a la vez cordialidad. Sin embargo, algo dentro mío me dice que no saldrá como lo deseo. Ese hombre me trató tan indiferente la última ocasión, y aquello me tiene consternada. Dudo que hoy actuará de forma distinta, por eso no quise que Olenka venga conmigo. No quisiera que vea, como me quedo extrañamente muda por la actitud de ese raro hombre. Pero..., mi gran pregunta es..., ¿porqué actúo así con él? No lo comprendo. Quizás, es porque lo veo tan indefenso como que a la vez, tan huraño, ¿Qué me deja en un estado tan confuso? Las personas fuera de lo común, me causan curiosidad, y él a logrado despertar demasiado mi atención. Resoplo, sacudo mi cabeza para no pensar tanto, y me adentro al hospital. Pregunto a la señorita de recepciones por el nombre de su hija “Anahera Preston” y me dice que se encuentra en el salón de pacientes generales. Me sorprendo porque aquello no fue lo que había comandado. Ni bien me da la respuesta, sin decir nada, camino a paso apresurado hasta la habitación en dónde se encuentra. Estoy enojada, muy enojada, porque tuve la amabilidad de pedir una buena habitación para la niña, y no comprendo porque no se ha realizado mi pedido. Llego a la puerta indicada y una enfermera justamente, sale. —¡Tú! —la señalo—, quiero que me contestes algo. La chica se petrifica y asiente. —Buenas tardes, ¿Dígame? —¿Eres la enfermera encargada de esta sección? —Sí. —Me puede decir ¿Por qué la paciente Preston, no se encuentra en una habitación VIP, como lo indiqué? —¿Perdón? No comprendo. —¡Lucía! —De pronto otra enfermera se acerca, y codea con nervios, a la desorientada en frente de mí—, ella es La señora Wellesley. —¿Quién? —Shhh… —La silencia y para tratar de no hacerme enojar más, se hace cargo de mí—. Buenas tardes, señora Wellesley, perdone la imprudencia de mi compañera. —Ok, no estoy para perder tiempo. Me pueden decir, ¿por qué se encuentra aún aquí la paciente Preston? —Sí, lo lamento. Lo que sucedió es que el padre, no permitió que la trasladen. Se negó rotundamente, y dijo que si tocábamos a su hija, la llevaría a otro hospital. —Ahh… Eso sucedió. Parece que este tipo, es más complicado de lo que pensé. —¿Se encuentra dentro? —cuestiono y ella asiente con rostro aspaventado. —Sí. —Ok, mis manos ya se han entumecido. Toma esto, y entremos —le indicó y le termino de dar todas las cosas que se encontraban en mis manos. Me adelanto en entrar, y veo al tipo sentado en el asiento al lado de su hija. Su mano sostiene su rostro, está apoyado en el mango de la silla y duerme profundamente. Hasta observo que cabecea un poco, pero mantiene su posición apenas. «Creo que no durmió durante la noche» Giro mi vista a la niña que está recostada en la cama, y me sobresalto porque sus ojos azules se mantienen observándome en silencio. —Wao, de verdad, eres tan hermosa. —Es lo primero que me dice. Ningún piropo de alguna persona me había hecho sentir tan avergonzada. Pero escucharlo de esta niña, inesperadamente me hizo sentir ese calor de la timidez. Abro mis ojos, y no encuentro las palabras. Me acerco lentamente tragando saliva, y mi pecho se me aflige, por ver ese pequeño rostro tan risueño por mi presencia. Pese que está lastimada aún sonríe resplandeciente y es amable. La hermosa niña al ver mi acto, rápidamente se gira a ver a su padre, y posiciona su dedo en sus labios, cómo pidiendo sigilo. —Shh... Yo asiento y al llegar a ella, automáticamente mi mano se mueve y acaricia su cabeza. —Estoy bien —me responde como si hubiese leído mi mente. Cosa que me pasma, aún más. —¡Usted!. —Escondo mi mano detrás de mí, al escuchar la voz masculina, que creí que aún dormía. Él con ese rostro fruncido, e ira en sus ojos, replica:—¿Qué hace aquí?
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