Enrique. —Amorcito tráeme ese palo. —lo miro sonriendo porque mira hacia todos lados sin entender nada—. Mira papi, este. —viene hacia mi y lo agarra cosa que me hace tentar de la risa. —Aquí. —Si hijo, este. —de la mano lo llevo a donde esta la leña, agarro unos palos pequeños y lo hago envolverlos con sus bracito—. Con fuerza hijo, no lo dejes caer. —No, —voy con un brazo lleno de leña y con el otro lo voy guiando. —¡Que fuerza hijoooo, muy bien amor!. —Sabri nos mira mientras hace que Levi camine agarrando sus manitos. —Quiere ayudar mi hombre. —Quiere hacer lo que tú haces. —dejo la leña cerca de la parrilla y el también la tira y después aplaude. —Bien ahí hijo, choque los cinco. —choco la mano con mi hijo súper feliz—. Ve por la pelota así jugamos un rato. —hago el fuego y ah

