Enrique. —Bueno, llamé a Nachito y me lo dijo. —habla bajo aunque los nenes miran tele, hablan entre ellos y con Anna y es un bullicio enorme, pero lindo. —Lo quiero vivo. —lo miro de reojo porque me pone incómodo hablar de esto con su mujer en la mesa y los nenes. —Y lo vas a tener. —Amor déjame servirte. —Si mami. —su mujer le sirve comida y actúa como nada, y en dos sentidos, en lo que hablamos y en que le toca las nalgas como si no hiciera nada—. Ya mandé que lo busquen y dentro de poco me dan información. —Gracias, te la debo. —No me debes nada. —la mira a su esposa sonriendo porque le saca la mano dándole un golpe, un juego entre ellos que no me importa nada—. Nadie toca la mujer de un hombre sin pagar las consecuencias, ni menos a tus hijos, y tu casi pierdes a dos por ellos,

