Las siguientes semanas que le siguieron al anuncio de su relación, fueron una montaña rusa. Entre la mudanza y los pendientes de la oficina, Alessandra llegaba cansada al apartamento, pero siempre era recibida por los cálidos brazos de Marcelo, quien la consentía y le hacía el amor hasta quedarse dormida. Alessandra movió el cuello para liberarse un poco del estrés y sonrió ante el recuerdo de la noche anterior. Marcelo le había hecho el amor en la bañera, en la cocina y en todos los rincones de su nidito de amor. No había para ella más felicidad de la que ahora experimentaba, pese a sus ocupaciones, ambos encontraban el punto de equilibrio; cuando no era él quien la recibía, era ella quien lo esperaba… El sonido estrepitoso de la puerta al abrirse y cerrarse, seguido por el sonido incon

