Capítulo Seis El sueño comenzó como siempre. Estaba vestida con un vestido blanco. Me recordaba a un péplos, que eran los vestidos drapeados que llevaban las mujeres de la antigua Grecia. Mis pies estaban desnudos. Estaba atada a un altar de piedra. Había hombres vestidos de n***o, con fajas atadas a la cintura y capuchas que les cubrían la cara. Tenían espadas. La luz de la luna desde arriba captaba el brillo de sus espadas. Estaban por todas partes. Estaba rodeado. La piedra fría impregnaba la tela de mi vestido. Las muñecas y los tobillos me rozaban con la cuerda que me rozaba la piel. Tiré con todas mis fuerzas, pero no pude escapar. Estaba débil. Muy débil. La peor alergia de mi vida, pero no había otros Inmortales a mi alrededor. No podía entender por qué mi poder me había fallado

