Thomas Ricci Tan pronto como entré en la discoteca noté que Ewellin no había llegado, es muy amiga de mi cuñada Megan y lleva trabajando conmigo un tiempo, pero sé que a esta hora está en la universidad y pronto llegará. — Buenos días, Sr. Ricci — uno de los guardias de seguridad de la discoteca me saluda en cuanto me detengo frente a mi oficina junto a Laya. — Buenos días, Borges — digo. — Buenos días — Laya también lo saluda. — Hay una mujer afuera, señor, vino por la vacante de empleo — dice el hombre. Pusimos un anuncio de que necesitábamos un empleado en la discoteca hace algún tiempo, pero la vacante fue ocupada la semana pasada. — Puede informar que ya contratamos — responde Laya y yo asiento con la cabeza. — Está bien, se lo informaré — dice él volviendo a la entrada de la

