Podría enviarla a alguna de sus otras residencias; o tal vez, como ella había sugerido tantas veces, de regreso a Little Hamble, de donde había venido. Lo miró, sin percatarse de la desesperación que asomaba a sus ojos. —¿Qué… quería… decirme? —No has contestado a mi pregunta— dijo el Marqués—. ¿Quieres en verdad dejarme, Romana? —Quiero hacer… lo que usted quiera. Él la miró largamente. —Tal vez lo que yo quiero te hará odiarme como me odiabas cuando nos casamos— dijo. —Eso fue… diferente. —¿Por qué era diferente? —Porque no lo conocía entonces… y lo asociaba en mi mente con… Lord Kirkhampton. —Eso era en verdad suficiente para hacer que me odiaras— dijo el Marqués—. Pero, ¿después? —Después… cuando me ayudó con los poemas de papá… comprendí que era usted muy diferente, en todo
Download by scanning the QR code to get countless free stories and daily updated books


