Leyla.
La placa brillaba mientras la guardaba.
El feo pozo n***o en mi pecho se agrandaba mientras miraba hacia mi improvisada mesita de noche.
Una fotografía de Liam con papá, descansaba, sus brillantes sonrisas mientras se abrazaban en sus uniformes de gala.
–Soy Teniente Coronel, papá — murmuré al aire, mientras sentía que mis lágrimas se acumulaban.
Respiro hondo y parpadeo alejándolas.
Habíamos llegado a Mosul, el lugar en donde estaba nuestro primer objetivo.
Yusuf Fabara.
Líder del Ala roja. Una organización sanguinaria que robaban y abusaban de mujeres y niñas, sacándolas a la fuerza de sus casas en cualquier parte.
Las vendían como ganado si sobrevivian a sus duras palizas.
Eran unos enfermos. Y eso me tenía con los nervios de punta, junto con la rabia contenida.
Eran conocidos también por su afición a volar cosas, una de ellas, se sospechaba, fuera la base en la que estábamos con Liam.
Por eso la rabia.
Me amarre las agujetas de las botas y me hice una coleta en el cabello, salí al exterior de la carpa donde nos estábamos quedando.
A lo lejos, pude ver a Burke y a Jones, ordenando las otras carpas en compañía de Josh, uno de los tres cabos que habían venido con nosotros.
La sombra a mi lado me hizo girar la cabeza y toparme con los ojos color miel de Regan.
Cruzado de brazos y en uniforme, se veía más serio.
—Según la información de Vorya, los avistaron en el mercado de artesanías, están buscando prospectos— murmuró sin mirarme.
Volví a ver al frente, logrando captar cuando Jason se burlaba de Ava por no poder entender como se ponía la carpa y esta lo golpeaba.
Sonreí.
—Entonces necesitamos cebos— Regan suspiro y voltee a verlo.
–Eso es lo que me temo. No podemos cometer un error o esos "cebos", saldrán heridos— hace comillas en el aire.
Ruedo los ojos.
—Estamos entrenadas para peores cosas, Coronel. Así que no nos intente proteger— le conteste frunciendo el ceño, Regan no se vio muy contento pero asintió.
—Lo siento, es que...
Asiento.
—Soy tu Teniente Coronel, Gibson, así que olvídate que soy la hermana pequeña de Liam— le espeté dejándolo ahí y yendo a ayudar a Ava.
—Oye Andrews, debes de ver la manera en que Jones no sabe como hacer esto— sonrió.
—Vamos, Jason, tú tampoco lo sabias hasta que yo te enseñé — le recordé tomando los extremos de Ava.
Ava soltó una gran carcajada junto a Josh y Jason me fulmino con la mirada.
—Te odio — niego con una sonrisa en la cara.
Ese pozo n***o en mi pecho, comienza a desaparecer cuando mi mente está concentrada en todo el peligro y la responsabilidad de tener vidas en mis manos.
Necesito estar concentrada para mantenernos vivos.
Aunque, en algunos momentos, me pregunto como le estará yendo a mi madre con las gemelas.
Las pobres no me querían soltar en el aeropuerto, y eso solo hacía que me replanteara si realmente quería venir a esto y dejarla solas si algo me pasaba.
Pero necesitaba sacarme ese dolor de algún modo. Y esta era mi manera.
—¡Informe!— el grito de Regan llego de mi izquierda, venía con Vorya y Moretti, quienes venían de hacer su viaje de reconocimiento.
Dejamos todo ahí y nos acercamos a ellos.
Vorya lucía perturbado, y eso que había visto demasiadas cosas como cualquiera, pero ahora era padre, era posible que su perspectiva fuera diferente.
Yo lo sentía diferente, ahora tenia a mi cargo dos niñas pequeñas.
—Están buscando nuevas chicas. Estuvieron vagando por el mercado, miraron solo a las mujeres y niñas. También descubrimos su MO, así que será más fácil infiltrarlas— nos miro, Vorya volvió a ver a Regan, tenía la mandíbula apretada —Los seguimos un par de kilómetros, pero nos tuvimos que detener ya que llegaron a un gran descampado, nos verían de inmediato.
Regan asiente.
—Supongo que es a donde las llevan antes de torturarlas y venderlas— Moretti asiente, suspirando.
—Bien, no voy a designar a ninguna de ustedes, necesitamos a tres, voluntarias— recalcó lo último pasando la mirada por cada una de las cinco.
Lauren Robinson era una capitana de Nueva York, morena, ojos color gris y cabello castaño. Amenaza en las sombras y perfecta francotiradora.
Lucía Ramirez, una mexicana morena de ojos color chocolate y cabello ondulado, era una belleza latina, en toda regla. Era Teniente en su base Mexicana, pero fue reclutado por su habilidad en combate con cuchillos y cuerpo a cuerpo. Una máquina potente de matar.
Mía Denaris, rubia como yo, ojos azules y al parecer, la más pequeña del equipo, que supongo que es por esa razón que esta aquí, a veces eso viene muy bien, a parte de que viene con demasiadas medallas de honor por su gran trabajo en una misión en el Amazonas donde salvo a su pelotón de morir por minas subterráneas.
Ava Jones, una británica con raíces irlandesas, pelirroja ojos verdes y pecas en la cara, era monisima. Era solo una recluta en su base, pero se destacó en todas sus pruebas, vieron el potencial y esta será su primer misión.
—Estoy dentro— doy un paso al frente y Regan aprieta la mandíbula —Necesitan tener mando dentro, quien mejor que tu segunda —
Vorya y Jason no se vieron contentos con mi propuesta, pero la acataron por respeto al rango.
—Me gustaría que te quedaras aquí— Habla Regan, niego.
—No.
Suspira y mira a las otras cuatro chicas. Lauren quien es mi amiga desde hace años, da un paso poniendo su mano en mi espalda.
—Voy con ella a donde sea, así que estoy dentro también—
—¿Que dicen de las pelirrojas? Ah si, son las más explosivas— se burla Ava y da un paso al frente asintiendo. —Yo también.
Regan nos mira a las tres, variedad de etnias y belleza. Eso es letal.
—Bien. Preparemos todo, tenemos que sacar a cualquiera que esté en ese lugar. Quieren a Yusuf vivo, así que, no lo maten— paseó la mirada por cada uno, deteniéndose más en mi.
Lo siento amigo, soy una Andrews, soy testaruda desde nacimiento.
Sacude la cabeza y nos despide con la mano mandándonos a nuestras tareas.
Le sonrío a Lauren antes de que se vaya.
Detengo a Ava.
—Es tu primera misión, Jones. No es necesario arriesgarse tanto— no era una reprimenda, era una observación.
Ava me miró y suspiró.
—Mi hermana de 15 fue raptada hace tres años, dos semanas después la encontramos en una zanja. No quedaba nada de ella. Si puedo hacer una diferencia para otras niñas, lo haré, Teniente Coronel — la firmeza de su voz, la barbilla levantada y su postura derecha, me hizo sonreír y recordar que era la misma forma en la que me dirigía a Liam cuando hacía lo mismo que yo hice.
—Bien, Cabo— le di un simple asentimiento, ella soltó el aire y me sonrío, se dio vuelta y se fue.
Volví a la carpa y me encontré a Regan mirando el mapa.
Me coloque a su lado, necesitamos controlar lo personal de lo profesional.
—No puedes mirarme de esa manera— le hable despacio, mirando el mapa, sentí como su mirada se posaba en mi.
—¿Como te miro?—
—Como si quisieras cuestionarme—
Resopla y siento el aire golpeando mi mejilla.
—Lo hago, pero temo que no me escuches— se encogió de hombros y volvió al mapa. —Vorya dijo que estaban en un descampado, a dos kilómetros del mercado— Señaló en el mapa.
Asentí con el ceño fruncido.
—No hay nada en ese lugar.
Alce las cejas.
—¿Entonces van más allá?— pregunto mirando el mapa. No hay nada en más de 15 kilómetros a la redonda.
—No. Esta bajo tierra— mi boca se abre.
—Mierda, no podemos volar nada, y ellos pueden enterrarnos vivos si sale alguno de ahí — asiente cuando nuestras miradas se encuentran.
—Es demasiado riesgoso. Necesitamos que Yusuf salga de ahí y capturarlo.
—¿Que hay de las víctimas?— me muerdo el labio. —Tenemos que sacarlas cuando nosotras estemos dentro— me cruzo de brazos y el asiente.
—Estarán solas desde dentro.
Vuelvo a mirarlo, tiene la mandíbula apretada.
—Y tu no quieres eso— niega despacio con la cabeza, posó mi mano en su bíceps, apretándolo, siento como se tensa.
Baja la mirada a donde hago contacto con él.
—Estaremos bien ahí, usted no se preocupe Coronel.
Regan suspira y se pasa la lengua por los labios, un movimiento qué no me pierdo. Siento la atmósfera cambiar y volverse más densa.
—Solo serán ustedes tres, y quien sabe cuantos de ellos ahí custodiandolas— su voz baja un par de tonos.
Asiento sin apartar la mirada.
—Son riesgos que se necesitan— coloca su mano sobre la mía y la aprieta.
—Lo sé — una de las computadoras satelitales alertó de una videollamada entrante.
Regan se alejó para tomarla rompiendo por completo el momento.
Vorya era un gran técnico y Hacker, tenia miles de satélites intervenidos, y podíamos permitirnos comunicarnos con nuestras familias de manera segura.
Regan contesto.
—Hola— la voz de la chihuahua inundó la carpa, suspire y me acerque a su oído entrando en todo el encuadre.
—Iré a darles la información y a organizar las próximas salidas— le susurré, sintiendo donde mi mano se posó sobre su hombro, como se tensa.
Volteó a verme y asintió. Salude a su cuñada.
Ella entre cerro los ojos.
Oh si, que bien se siente.