Para leer el diario íntimo de Larissa, Ivania se encerró en la habitación once. Tuvo que llevar una lámpara de pie con ella. La colocó en el centro de la habitación y se sentó en un almohadón. Al encenderla, las paredes se tiñeron de rojo, por el color de la tulipa. El suelo quedó pintado con la luz amarillenta del foco. Eligió ese lugar por dos motivos: allí nadie la molestaría y a la vez podría buscar fotos de Larissa. Bastaba con prestar atención a las fotografías que empapelan el cuarto. Y quizás hubiera más dentro de las cajas. Después de la introducción en la que Larissa afirmaba ser un vampiro, contó cómo fueron sus primeros días en la mansión. «Mi padre es Alexis Val Kavian. Si alguien no supiera nada de él, lo describiría como un hombre que irradia respeto y poder. Ganó ese esta

