“Aunque llegó un momento en el que dejó de demostrar interés por penetrarme vaginalmente, consiguió que me motivara de tal forma con la “fragancia” que despedía su m*****o viril y con el sabor de su leche y de su orina que decidí no limitar mi actividad s****l a Erik y convertida en una especie de furcia que no buscaba más recompensa que su “salsa” y su micción, comencé a chuparles la “tranca” con asiduidad a los varones que me la ofrecían. Logré hacerme con un buen número de adeptos pero una tarde Erik me sorprendió, casi en bolas, cuándo estaba efectuando una felación a dos jóvenes en la cocina de nuestro domicilio de manera que, mientras meneaba la v***a con mi mano a uno de ellos, se la chupaba al otro. A cuenta de ello surgieron nuestras primeras desavenencias que fueron a más al desc

