Aunque siempre he sido muy formal y me ha gustado respetar la palabra dada, no pude cumplir la promesa que la hice a Nicole ya que mi vida cambió por completo en el tren en el que efectué el viaje de regreso. Al subir a él me encontré con que el asiento que me habían asignado se encontraba situado junto al que ocupaba uno de los hijos de un matrimonio que, en compañía de sus otros dos descendientes, se había acomodado al otro lado del pasillo. El chico estaba tan concentrado jugando con su consola que no me respondió cuándo le saludé ni se inmutó al acomodarme a su lado. Al iniciar el tren su marcha la madre se levantó de su asiento y acercándose a mí, me ofreció la posibilidad de sentarme enfrente de ellos, junto a otro de sus hijos, para poder ir hablando y que se nos hiciera más llevade

