Kalina escuchó la ducha abierta en el baño principal y su instinto materno le dijo que podía tratarse de Mileva. Abrió la puerta y la vio allí, desnuda bajo la lluvia de la ducha, con el pelo lleno de champú. El corazón le dio un vuelco de alegría. —¡Mileva! ¡Por fin volviste, me tenías muy preocupada! —Hola, mamá —saludó ella con una sonrisa. No se molestó en cubrir su cuerpo. Pasó las manos enjabonadas por sus pechos y de reojo vio que Kalina comenzaba a desvestirse. —¿Te molesta si me baño con vos? —No, para nada. Cuando estuvo completamente desnuda se metió en la bañera y abrazó a su hija, apoyándole las tetas en la espalda. Kalina comenzó a acariciar el vientre de Mileva con ambas manos y puso el mentón sobre el hombro de ésta. —¿Estás bien? ¿Pasó algo en el monte? —Está to

