Scott escuchó las arrogantes palabras de su primo con un temple de acero. Caminó entre la penumbra con los puños cerrados y el alma ensombrecida por la furia. La presencia de Bastian al fondo del salón lo hizo detenerse. La voz arrogante de su primo resonó como un eco maldito. —Vine a pelear, Bastian, no a jugar con tu sarcasmo. ¿Sales tú o sale ella? Sus palabras fueron cortantes como cuchillas, y sus pasos firmes hasta que la silueta de Naomi apareció, custodiada por la sombra de Bastian que se había escudado tras su delgado cuerpo. Ella no dijo nada. Sus ojos hablaban por ella: miedo, amor, y algo más profundo... ¿culpa? —Si me atacas, ella morirá y declararemos la guerra, primo. Perder vidas por una mujer no es propio de ti. Tal vez sea mejor idea terminar la disputa por algo tan in

