Mi polla estaba dura como una barra de hierro. Sentía unas ganas casi incontrolables de empezar a acariciar sus pechos mágicos. Pero me contuve. Ya era bastante loco que nos estuviéramos besando con un video instructivo. No quería gafar las cosas yendo demasiado lejos. Ojalá la cosa siguiera yendo más lejos.
Al cabo de media hora, Eve y Eva ya no necesitaban más instrucciones sobre cómo besarse. Evie tenía un don natural, y lo que no sabía automáticamente, estaba deseando aprender de mí.
Finalmente, el video instructivo terminó. La cámara enfocó a la pequeña eslava, Eva, enmarcando su cabeza y torso. Sus enormes pechos (fantásticos, aunque no tan grandes como los de mi Evie) estaban hinchados después de besuquearse durante más de media hora.
—¡Adiós!—, dijo alegremente, pestañeando y moviendo los dedos a la cámara como si fuera una niña de cinco años. Movió los hombros. Habría parecido un gesto tierno y de niña si no fuera porque le hacía vibrar tanto las tetas. El resultado fue algo a la vez infantil y erótico. —¡Nos vemos en el próximo video instructivo! ¡Citas 102: En serio!—, le lanzó un beso a la cámara.
El video terminó.
Evie y yo nos miramos a los ojos. Parecía en parte sorprendida por lo que habíamos hecho juntas, pero también emocionada.
Me sonrió. Sus ojos brillaban de excitación. —¿Quieres practicar un poco más?— preguntó.
Miré el reloj. —Creo que tu mamá llegará a casa en unos minutos— dije.
Diez minutos después, cuando Kate entró por la puerta, todo parecía normal. Eve estaba en la cocina guardando los platos y yo limpiando lo último de la encimera.
—¿Cómo te fue?— preguntó cuando estuvimos solos.
—No está mal—, dije, lo cual era engañoso y un eufemismo enorme. —Evie ha aceptado ver el próximo video conmigo mañana por la noche.
—Genial—, dijo Kate. —¿Qué puedo hacer para recompensarte?
—Sé exactamente lo que necesito—, dije y la empujé hacia atrás sobre la cama.
Rápidamente empecé donde lo dejé con Eva... ¡Uy!, quería decir Evie. Las dos se me confundían en la mente.
Me incliné sobre Kate y comencé a besarla apasionadamente, con fuerza. Sin decir palabra, comencé a desabrocharle la blusa para poder tocar sus deliciosos pechos.
Las tetas de Kate no eran tan grandes como las de su hija, pero aun así eran preciosas. Llevaba un sujetador 36C y le quedaban de maravilla en su figura alta y esbelta. Mi esposa es, de hecho, una hermosa morena, y es increíblemente sexy cuando quiere. Pero, claro, en ese momento no estaba pensando en ella. No tenía esa sensación de "fruta prohibida" que existía con su voluptuosa hija, de figura de duendecillo.
Normalmente estoy tan listo como cualquiera para tener muchos juegos previos. Pero esta noche, llevaba besando a mi tetona hijastra lo que me parecieron ciento cincuenta horas. Estaba tan excitado que no podía ver bien. Cuando miré a mi esposa en la cama, solo pude ver a mi increíblemente sexy hijastra invitándome a follarla hasta dejarla sin aliento.
En cuestión de segundos, estaba apuntando mi polla directamente a su coño.
—¡Danny! —gritó—. ¡No tan rápido! No estoy lista... ¡Aagh!
Hundí mi polla en el coño de mi esposa y comencé a golpearlo tan fuerte como pude.
—¡Joder, Danny! ¡Qué profundo! —gimió—. ¡Por favor! No tan... ¡Uh! ¡Uh! ¡Tan fuerte! ¡Joder! ¡Es tan fuerte!
Agarré sus piernas, las enganché sobre mis codos y comencé a embestir más profundamente.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Dame más! —gritó. Sus llantos eran cada vez más fuertes, y sonreí, sabiendo que Evie podía oírlos en la habitación de al lado.
Para entonces, la estaba golpeando tan fuerte que su cuerpo se había deslizado a lo largo de la cama. Tuvo que levantar los brazos hacia atrás y apoyarlos contra la cabecera para evitar que la estrellara contra el marco de la cama.
Con las manos apoyadas en el cabecero, cada embestida de mi polla hacía que la cama se estrellara contra la pared. —¡Uh! ¡Uh!— Gruñó como una fiera mientras la azotaba a ella y a la cama contra la pared una y otra vez. —¡DAME ESA POLLA!—, gritó. Todo su cuerpo empezó a temblar con el orgasmo. Sentía su coño apretándose contra mi polla, como si me rogara que me quedara dentro para siempre.
En ese momento me descontrolé. Sabiendo que Eve debía estar escuchándonos, grité a todo pulmón: —¡CÓJEME! ¡CÓJETE A TU PAPI!—. Quería que me oyera. Quería que se tumbara en la cama y me oyera gritar cuánto deseaba follármela.
En cuanto dije —Papi—, Kate abrió los ojos de golpe y me miró con asombro. Aún en medio del orgasmo, tartamudeó: —¡Fuh... Fuh... Joder! ¡Dah... dah... Papi!—. Sus ojos se pusieron en blanco mientras sufría un espasmo.
En ese instante, me corrí. El semen salió disparado de mi polla, bañando el interior del coño de mi esposa. Fue uno de los orgasmos más intensos de mi vida.
Unos momentos después, me desplomé y me deslicé junto a mi esposa.
Cuando por fin volvió a la realidad, Kate giró la cabeza hacia mí. —¿Qué fue todo eso?—, preguntó.
—Qué hacer y qué no hacer en las citas—, respondí. —Supongo que me dejé llevar.
Todo parecía bastante normal a la mañana siguiente, al menos al principio. Mientras Kate se ocupaba de preparar huevos revueltos para los tres, Eve, todavía con la vieja camiseta descolorida de un concierto de rock con la que solía dormir, puso la mesa diligentemente, sacó el jugo de naranja y sirvió tres tazas de café. Luego se sentó a la mesa de la cocina a un par de metros de mí y empezó a hablar.
A pesar de mí mismo, no pude evitar notar lo hermosos que eran sus pechos sin sostén y sus piernas desnudas cuando se sentó, y me pregunté si llevaba bragas debajo de esa vieja camiseta.
Mamá, Danny, llevo tiempo queriendo hablar con ustedes. Quería agradecerles por acogerme después de que papá... eh... falleciera. Sé que ya tengo 18 años y podrían haber insistido en que me fuera solo. Ha sido muy duro para mí desde que murió.
—No seas tonta, Eve —dijo Kate, levantando la vista de la sartén—. Somos familia. Nunca se planteó que vinieras a vivir con nosotros. Y también extraño a tu padre. Que nos divorciáramos hace varios años no cambia el hecho de que lo quería. Su muerte fue una gran pérdida para todos. Me alegro de tenernos el uno al otro.
—Gracias, mamá. Y Danny, ahora que papá ya no está, siento que eres el hombre más importante de mi vida. No quiero que lo reemplaces nunca, pero siento que... no sé... ahora eres casi como un padre para mí.
—Qué cosa más dulce para decir—, dijo Kate.
—Danny, ¿te importa si... de ahora en adelante...? Bueno, no quiero llamarte "papá", porque así llamaba a mi verdadero padre. Y no quiero llamarte "padre", porque es un poco rígido y formal. ¿Te importa si te llamo "papi" de ahora en adelante?
—Ay, cariño —dijo Kate—. ¡Qué bonito pedirte!
Eve se levantó de la silla y se acercó a mí. Se sentó en mi regazo con ambas piernas a un lado y me rodeó los hombros con un brazo, apoyando la cabeza en el hueco de mi cuello. Sus piernas colgaban libremente del suelo y las balanceaba en el aire como si fuera una niña pequeña. «Te quiero, papi», dijo en voz baja.
Kate, todavía de pie junto a la estufa y con la sartén llena de huevos revueltos en una mano, observó la escena de Evie abrazándome. Sonrió con aprobación. —Somos una familia de verdad—, dijo, secándose una lágrima con el dorso de la manga.
Confieso que mi reacción era un poco distinta. Tener a Evie sentada en mi regazo me estaba poniendo cachondo. Puse mi mano sobre su muslo desnudo. —Yo también te quiero, Eve—, dije suavemente, llamándola por el nombre de la chica del video. Acaricié con las yemas de los dedos la suave piel de la sensible parte interior de su muslo.
Eve movió su trasero ligeramente en mi entrepierna, lo justo para que su madre no se diera cuenta. —¡Quiero a mi papi!—, me susurró al oído. Me lamió y mordisqueó el lóbulo de la oreja, enviando una descarga eléctrica hasta los dedos de los pies.
Mi erección palpitaba contra su hermoso y joven trasero. Mi mano se movió un poco más arriba, en la parte interna de su muslo, a solo unos centímetros de su coño. Sentí un deseo imperioso de levantarla de mi regazo, inclinarla sobre la mesa de la cocina y follármela a fondo, ahí mismo, delante de mi esposa.
Kate nos sonrió benignamente, conmovida por el vínculo padre-hija.
Esa noche, Evie y yo vimos el segundo video instructivo. Naturalmente, una parte de mí quería pasar directamente al sexo, porque estaba casi segura de que ahí terminaría todo. Pero a Evie le encantaban estos extraños videos "instructivos", ¿y quién era yo para discutir? Tenía que admitir que seguir las instrucciones de la narradora fue la experiencia más erótica que jamás había tenido.
Esta vez me salté la preparación de palomitas de maíz y, en lugar de darle un refresco, le serví a Eve y a mí dos vasos de vino blanco frío.
Evie se sentó a mi lado en el sofá mientras buscaba la página web y bajaba el vídeo. En lugar de recostarse en los cojines, se irguió, entusiasmada. Cuando la miré, me sonrió con anticipación. —¡Estoy aprendiendo muchísimo!—, dijo, arrugando la nariz de la risa. Tomó un sorbo de vino y empezó a reírse. —¡Ji, ji, ji!
Esa risa sola fue suficiente para ponerme duro.
Ambos alzamos nuestras copas en un brindis silencioso. Eve sonreía de oreja a oreja, y creo que yo probablemente tenía la misma cara. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que iba a estallar. Mi sonrisa se ensanchó.
El video comenzó.