Capítulo 5

1613 Words
Evie se acercó a nuestra cama y le dio un cálido abrazo a su mamá. —¿Creen que podría irme a la cama con ustedes unos minutos? Me recordaría un poco a mi infancia, antes de que papá y tú se divorciaran. Me encantaba acurrucarme entre ustedes dos. —Claro cariño. En cuestión de segundos, Evie se metió entre nosotras bajo las sábanas. Se giró y encaró a su madre, presentándome su trasero. Luché para no tocarla con mi erección, pero ella dijo: —¡Acurrúcate contra mí, mamá! ¡Papá también! ¡Quiero sentirlos a ambos contra mí!. ¡Qué demonios! Me recordé a mí mismo que, aunque estuviera a solo un par de metros de nosotros, Kate no podría saber qué pasaba bajo las sábanas si yo tenía cuidado. Me agaché silenciosamente y me bajé los pantalones del pijama para liberar mi polla, luego me acurruqué contra el culo perfecto de Evie. No llevaba bragas. Mi polla encajaba perfectamente entre sus nalgas. Estaba en el cielo. —Agárrate a mí, mamá—, le instó Evie. Rodeó a su madre y la atrajo hacia sí, con el resultado de que las tetas 36C de Kate quedaron clavadas en la cara de Evie. —¡Ay, sí, mamá! ¡Esto es perfecto! ¡Es como cuando me acurrucaba contigo de niña! —Hundió la cabeza entre los enormes pechos de su madre. —Evie, no creo... —empezó Kate. —¡Abrázame más fuerte, mamá!—, dijo Evie. Empezó a besar a su madre en el valle entre sus pechos. Supongo que podría decirse que seguía siendo algo asexual, pero ¡vaya! Mientras tanto, le acariciaba la cadera a Evie. Me encantaba la sensación de tener mi pene alojado entre sus nalgas. Me costó contenerme. —¿Te sientes mejor?, le pregunté. —¡Ay, sí! ¡Qué bien se siente! —dijo Eva—. ¡Acurrúcate más, papi! ¡Hazme un sándwich de Eve! —Llevó una mano al pecho de su madre y empezó a frotarle la teta contra la mejilla. Se estaba volviendo casi imposible considerar sus acciones como algo más que una provocación s****l. Justo antes de que llegara al punto de no retorno, Evie se levantó y empezó a levantarse de la cama. —¡Muchas gracias!—, dijo alegremente. —Me siento mucho mejor. Realmente puedo sentir el amor cuando estoy en la cama entre ustedes dos. Me voy a la mía ahora. ¡Buenas noches! En cuestión de segundos, salió corriendo de la habitación. Me quedé con una erección brutal y una expresión de perplejidad en el rostro. Bueno, en realidad, tal vez no estaba tan perplejo como fingía con Kate. —Guau —dijo Kate—. Fue intenso. Debió ser difícil para ti apretarte contra ella. —¿Qué quieres decir? Kate se rió. —Vamos, Danny. Sé lo atractiva que es Evie. Tenerla a tu lado con ese camisón casi inexistente debe haber sido insoportable. No tienes por qué avergonzarte. —Bueno, tu hija ES muy bonita. —He visto cómo la miran los chicos por la calle. Casi provoca un par de accidentes de tráfico en el aparcamiento del supermercado. Y no creas que no me he dado cuenta de cuánto más me has estado follando desde que se vino a vivir con nosotros. ¡Te pone cachondo solo con pasear por la casa! ¡Eres como una erección andante cuando está cerca! Me reí con culpa. —¡Y sus tetas!—dijo. —Me temo que no me había dado cuenta—, dije. Kate volvió a reír. —¿No te habías dado cuenta? ¡Tiene dos tallas de copa más que yo! ¡Quizás más! Mi cara empezó a ponerse roja. —Mira, Danny, está bien. Lo entiendo. Tendrías que estar muerto o ser impotente para no sentir atracción por Evie. No me importa. —¿NO TE IMPORTA? Sonrió con suficiencia y se encogió de hombros. Metió la mano bajo las sábanas y me agarró la polla. —Adelante. Fantasea con ella—. Su mano la acarició de arriba abajo, de arriba abajo. —¿Alguna vez piensas en hacerle una paja cubana a esos melones tan grandes?—. Mi polla se puso más dura. Cuando sintió mi pelvis avanzar, soltó una risita. —Ah, sí, seguro que te gustaría, ¿verdad? Te gustaría que la pequeña Evie apretara sus melones grandes contra tu polla dura. ¿Quieres llamarme 'Evie' mientras juego con tu polla? Suspiré. —Eso pensé. ¿Puede Evie chuparte la polla, papi? —¡Sí! —Entonces dilo. Dile a Evie que te chupe la polla, papi. Dudé. Una parte de mí temía que, por muy aventurera que Kate se creyera, se asustaría si fantaseaba con su hija, aunque fuera ella quien me lo pidiera. Pero entonces pensé en el hermoso cuerpo de Eve, en todas las veces que la había visto dando saltos alegres por la casa, sin sostén e ignorando el efecto que me causaba. La visión de las deliciosas tetas enormes de Evie en su pequeña figura era demasiado para mí. Me lancé. —¡Chúpame, Evie! ¡Chúpate a tu papi! Kate sonrió triunfante. Se acomodó en la cama para que su cara quedara junto a mi polla erecta. La sostuvo en posición vertical en la mano, junto a su mejilla, como si posara para una selfi con su premio especial. Su boca estaba abierta de par en par. Su rostro y sus ojos brillaban como los de una niña pequeña a la que le habían dado un regalo especial. —Gracias, papi. He estado soñando con chupártela, papi. Cuando quieras, llámame Evie y Evie se la chupará a su papi. Empujé su cabeza sobre mi polla. —Eso es, Eva —murmuré— Chupa a papá como una buena niña. —¡Mmmf! ¡Mmmf! ¡Mmmf! —Las chicas buenas se la chupan a su papi.— La palma de mi mano guiaba su cabecita morena de arriba abajo, e imaginé que era el pelo rubio de Evie. —Todas las noches—, gemí. Empujé su cabecita arriba y abajo. —Chúpame todas las noches. Kate/Eva apartó la cabeza de mi polla un momento. —Sí, papi—, jadeó. —¿Puedo tomarme un jugo especial de papi como premio por ser una buena hijastra? Durante los siguientes minutos, bombeé mi polla contra la cara de mi esposa, fantaseando todo el tiempo que era su hija rubia y cachonda. —¿Amas a tu papá, Evie? —¡Mmmmmmm! Guié su cabeza hacia arriba y hacia abajo, imaginando en mi mente que era Eva misma asentía en señal de consentimiento una y otra vez, arriba y abajo, arriba y abajo. —¿Te encanta chupar la polla de tu papá, Evie? —¡Mmm!— Empezó a moverse más rápido. Su boca se adentraba más en mi m*****o. Entonces apartó la boca de mi polla un momento y me miró. Tenía los ojos vidriosos, apenas podía fijarse en mi cara, como si estuviera borracha. Sonrió con picardía, con la boca llena de saliva por la garganta profunda. —Fóllate la boca de Evie, papi. Fóllate la boca de tu hijastra cuando quieras. De repente, me invadieron imágenes de todo lo que había pasado en ese día. Evie en la mesa del desayuno, retorciéndose en mi regazo y lamiéndome la oreja a la vista de mi esposa. Los dos sentados frente al televisor viendo a la hermana gemela de Eve juguetear con sus tetas. Eve y Eva presentándome sus pechos y ordenándome que se los chupara. Eva saltando a la cama y invitándome a hacer cucharita contra su trasero desnudo, tumbada junto a su madre. Y ahora mi esposa, interpretando a su sexy hija mientras me chupaba la polla. Perdí el control. La agarré por la nuca y la aplasté contra mi polla. Tenía que correrme en mi dulce hijastra. Kate/Eva empezó a tener arcadas. —¡Mi hijastra tetona!— gemí. —¡Gugg! ¡Gugg! ¡Gugg! —¡Mi pequeña rubia chupapollas! —¡Gugg! ¡Gugg! ¡Gugg! —¡Papá tiene un regalo para ti! ¡Bébetelo! ¡Trágalo todo! Empecé a correrme. Kate tenía arcadas y babeaba a la vez. El semen fluía de su boca y bajaba por el costado de mi m*****o mientras sujetaba su cabeza contra mi vara. En ese momento, toda mi vida se concentraba en un solo punto, en un solo impulso: el deseo de correrme en la boca de mi hijastra. Kate intentó levantar la cabeza, pero la sujeté mientras le metía mi polla en la boca, suave y húmeda, una y otra vez. ¡Tuve que obligarla a aceptarlo todo! ¡A tragárselo todo! Sentí como si me corriera para siempre, pero después de varios segundos, la explosión en mi cabeza y en mi ingle finalmente se apagó, y liberé la cabeza de Kate de estar empalada en mi eje. Cuando por fin la solté, Kate levantó la cabeza rápidamente y jadeó. —¡Madre mía, papi! De verdad quieres a Evie, ¿verdad? Empezó a lamer los lados de mi vara, que se estaba marchitando lentamente, chupando el semen que se le había desbordado y goteaba por los lados mientras me la chupaba. —¡Cuánto semen!—, susurró. —¡Cuánto semen para la pequeña Evie! —Limpia a tu papá, Evie—, le dije.—Las buenas chicas siempre limpian lo que ensucian. Acaricié su cabello castaño mientras ella succionaba los últimos jugos de mí, imaginando que su cabello era rubio.
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