Capítulo 1

1575 Words
Debo decir, desde el principio, que nada de esto fue culpa mía. Toda la excitación, todos los líos, todos los sexos a espaldas de mi esposa... no fue idea mía. De hecho, cuando mi esposa me dijo que quería que me encargara de la educación s****l de mi hijastra de 18 años, le dije enseguida que estaba loca. —¿No es ese tu trabajo?—Le pregunté. —Bueno, sí, supongo—admitió.—Pero, de verdad, Danny, es muy raro. Me incomoda solo pensarlo. —¿Y cómo crees que me hace sentir?—, repliqué. —Además, ¿no es un poco mayor para que le enseñen sobre los pájaros y las abejas? ¡Tiene 18 años, por Dios!. —Sí, pero ya sabes cómo era ese internado suyo. Tenía razón. Hace varios años, poco después de que Kate y su primer marido se divorciaran, su ex, ingeniero de minas, consiguió trabajo en Utah supervisando una mina de molibdeno. Era una gran oportunidad para él, pero la mina estaba en medio de la nada. La escuela más cercana estaba a casi cien kilómetros. Kate, aún inmersa en su licenciatura en contabilidad, no tenía ni el dinero ni el tiempo para cuidar de su hija Eve. Así que, finalmente, tras muchas rencillas y largas llamadas telefónicas, ambos padres acordaron matricular a Evie en un internado femenino en un pequeño pueblo del centro de Utah. No me malinterpreten. Era una buena escuela. Sus calificaciones académicas eran excelentes. Pero el lugar era, digamos, un poco conservador. La escuela había tomado los valores mormones tradicionales y los había llevado al extremo. No solo se oponían a la educación s****l; incluso arrancaron las páginas del libro de biología que trataba sobre los cromosomas X e Y. Al estar tan lejos de cualquier otro asentamiento, no había conexión a internet, salvo la que proporcionaba la administración de la escuela. A las chicas no se les permitía ver ningún video ni libro que mostrara sexo o violencia de ningún tipo. Evie nunca había visto una película de superhéroes (demasiado violenta), una comedia romántica (demasiados besos) ni siquiera un documental sobre la naturaleza que hablara sobre animales criando a sus crías (demasiado... ¿qué? Me perdí con eso). El padre de Eve murió en un accidente minero justo antes de su decimoctavo cumpleaños y su graduación de la preparatoria. Así que, después de la ceremonia, Kate y yo empacamos las pertenencias de Eve en nuestro auto y la llevamos a su nuevo hogar. Tuve que admitir que Kate tenía razón en que Eve necesitaba un curso de educación s****l. Quienes dirigían el internado la habían dejado completamente desprevenida para el mundo real. Y la verdad era que Evie necesitaba algo que la ayudara a hacer la transición. Con su cabello rubio ceniza, su piel blanca, sus ojos azul cielo y sus rasgos delicados, su rostro era angelical y deslumbrante. Pero más que eso, su figura era... ¡Madre mía!, ¿cómo decirlo? Su figura era capaz de excitar a cualquier hombre a veinte pasos. Con un metro sesenta y tres centímetros, era un poco más baja que la media para una mujer. Tenía una figura esbelta, con cintura estrecha y un vientre plano que resaltaba la forma de sus caderas. Al verla de perfil, su trasero perfectamente redondeado sobresalía de su columna vertebral tanto que se te hacía agua la boca. Y luego estaban sus tetas. Sus tetas 32DD que parecían enormes en su cuerpo delgado y delicado. Por muy conservadora que fuera la forma en que esos idiotas de Podunk, Utah, le habían enseñado a vestirse, no había forma de disimular su prodigioso busto. A la semana de llegar a casa, Evie ya llamaba la atención. Todos los chicos del barrio, de 16 a 60 años, se volvían locos por ella. La pobre chica apenas podía ir al supermercado sin que al menos dos o tres chicos la insinuaran. Dada su experiencia protegida en el internado, Evie tenía dificultades para sobrellevarlo. Durante seis años, apenas había salido del colegio, salvo por sus visitas alternadas cada pocos meses entre su madre y su padre. Incluso cuando estaba aquí con su madre y conmigo, nunca estaba el tiempo suficiente para hacer amigos locales. Así que pasaba la mayor parte del tiempo en casa, atesorando la oportunidad de pasar tiempo con su familia. Ella no sabía cómo lidiar con toda la atención masculina. Confieso que no era ciega a lo increíble que se veía. En la intimidad de nuestro hogar, Evie solía andar por casa solo con una vieja camiseta negra descolorida de un concierto de rock que le apretaba el busto. Lo corta de la camiseta dejaba ver sus piernas perfectas mientras se acurrucaba en el sofá junto a su madre. La mitad del tiempo, no se molestaba en usar sostén en casa, quejándose de que le irritaba la piel, y además, no había nadie más que su familia, así que ¿a quién le importaba? El resultado fue que me pasé horas y horas viendo cómo sus enormes pechos se movían con cada movimiento. Como era principios de verano, Evie pasaba mucho tiempo trabajando junto a su madre en el jardín. Llevaba un viejo vestido veraniego de su madre, que le habían dado años antes, antes de que le desarrollara el pecho. Cuando estaba a gatas en el parterre, su vestido cortísimo se levantó para dejar al descubierto su increíble trasero bajo las bragas. Pero fue aún más increíble cuando se puso de pie, con sus enormes pechos apretando contra los botones demasiado estirados del ligero vestido. Cuando se llevó las manos a la espalda y, de perfil, echó el pecho hacia adelante para desahogarse después de inclinarse sobre las flores, todo su cuerpo quedó a la vista, desde sus fantásticas piernas hasta su trasero apenas disimulado, y hasta las enormes tetas apretando contra los botones delanteros. Entonces me miró y me sonrió con inocencia, sonriendo feliz, totalmente inconsciente de lo atractiva que estaba y de lo cachondo que me estaba poniendo. Ella inhaló profundamente mientras se estiraba y juro que fue un milagro que los botones de su vestido no se salieran con la tensión de sus pechos contra la fina tela. Tuve que recordarme que era mi hijastra y que yo era un hombre felizmente casado. No era, me repetía una y otra vez, una fantasía masculina hecha realidad. ¡Pero, carajo! ¡Qué cara tan hermosa! ¡Qué pelo rubio pálido! ¡Qué cuerpecito tan firme! ¡Qué culo tan delicioso! ¡Qué tetas tan enormes! Y todo eso se combinaba con una sonrisa inocente que combinaba a la perfección con su cuerpo de bombón. Solo mirar a mi hijastra rubia y tetona me dolía la entrepierna. Sin embargo, ella no tenía ni idea de lo sexy que era, y no sabría qué hacer si se diera cuenta del efecto que tenía en los hombres. Claro que conocía a Evie desde hacía años, poco antes de que su madre y yo nos casáramos. Por aquel entonces, era una niña rubia, guapa y precoz. Me encantaba llevarla al parque de atracciones local, donde chillaba de alegría en la montaña rusa y fingía estar asustada por la casa embrujada. Durante los años siguientes, al entrar en la adolescencia, la vi convertirse en una joven increíblemente atractiva. Es decir, vi cómo sus pechos crecían y crecían. Ya tenía dieciocho años y era presa fácil para cualquier hombre. Gracias a esos años en el refugio del internado femenino, no tenía ni idea del increíble cuerpo que tenía. No sabía qué efecto tenía en los hombres. Definitivamente necesitaba instrucciones sobre cómo lidiar con ello. —¿Y qué tienes en mente?— le pregunté a mi esposa. —Lo primero que le conseguí fue un folleto sobre anticoncepción. —Le va a encantar—, dije con sarcasmo en la voz. —¿Esperas que se lo lea o que solo la interrogue sobre el contenido? —Se lo darás para que lo lea sola. La parte realmente activa son los videos. Quería meterme en un agujero y morir. —¿Vídeos? ¿Vídeos sobre sexo seguro? —No solo sexo seguro. Pedí un montón de videos instructivos. Sobre citas. Sobre cómo decir "no". Sobre cómo... ya sabes—. Hizo un gesto con las manos, formando un círculo con el pulgar y el índice izquierdos, y luego metiendo y sacando el índice derecho por el agujero. Su pequeña pantomima de manos era tan pueril que me dieron ganas de reír, solo que hablaba en serio. Me imaginé la insoportable experiencia de sentarme junto a Evie mientras nos abríamos paso a través de una serie de vídeos mediocres dirigidos a adolescentes, hablando de las trompas de Falopio y de lo que se debe y no se debe hacer en las citas. Una parte de mí imaginaba los vídeos grabados en los años 50, filmados en un blanco y n***o granulado. —¿Y dónde estarás mientras Evie y yo vemos esos videos tuyos?—, pregunté. —Voy a... eh... voy a trabajar hasta tarde todas las noches esta semana. —Cobarde— dije. Se encogió de hombros. —Lo admito. Me ofrecí a trabajar hasta tarde toda la semana para no estar cerca mientras tú y Evie veían los videos. Así que soy una cobarde. Así que dispárame. Te dije que me incomoda. Mira, Danny, haz esto por mí, ¿quieres?.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD