Ya por fin era viernes, iba a descansar el fin de semana de toda esta mierda que me estaba pasando. Me levante, empecé a buscar la ropa que me pondría, hoy no estoy muy animada, así que agarre lo primero que encontré y me lo puse. Me hice una cola alta y baje a la cocina.
—Te hice un sándwich. —Dijo Ana al verme. Me senté a su lado para comer.
Revise mi teléfono y tenia quince llamadas perdidas y dos mensajes de Richard, los elimine sin leerlos. ¡Que se vaya al infierno! Guarde mi teléfono y seguí comiendo mi sándwich. Cuando termine salimos a la universidad.
—Hola preciosa. Ayer te hice varias llamadas y no contestaste.
—Estuve ocupada. —Trate de esquivarlo sin éxito.
— ¿Ocupada en qué?
— ¡Que te importa! A ver Richard no tienes que meterte en mis asuntos, tú y yo ya no somos nada, así que por favor déjame en paz.
—No tienes que ser grosera, Jessica. Podemos ser amigos. —Me reí.
—Yo no quiero ser tu amiga idiota. ¿Si puedes entender eso? Solo quiero que me dejes en paz. —Me fui dejándolo con la palabra en la boca. Este idiota me engaño y ahora quiere ser mi amigo, pues no, que se vaya a la mierda.
Pase las primeras horas mirando hacia el vacio, me tocaba Matemáticas y no me sentía con ánimos de estar resolviendo problemas que contengan números. Lo único que quiero es salir a divertirme y olvidarme de toda esta porquería que me ha pasado.
En la cafetería Ana estaba sentada con Noah y su amigo.
—Hola. —Los salude y me senté junto a Ana.
—Hola Jessica. —Saludaron todos al unisonó.
— ¿De qué hablan?
—De nada, solo le dije a los chicos que se sentaran con nosotras ya que los dos estúpidos, que es mejor no nombrar, no se sentaran jamás con nosotras y por cierto, estoy muy feliz por eso.
—Me parece bien. —Me quede en silencio escuchando a Alex hablar sobre la Bipolaridad. En realidad no me molesta que los chicos se sienten con nosotras, ellos me parecen muy simpáticos y agradables.
— ¿Cómo estas hoy, Jessica?——Pregunta Noah. Parecía estar nervioso, su rostro estaba ligeramente rojo, me pareció tierno y algo estúpido.
—Aparte de darme cuenta de que fui engañada por mi novio de hace dos años diría que estoy bien. —Sonreí restándole importancia. — ¿Y tú?
—Lo siento.
—No pasa nada. No todo está perdido ¿No es así? Ahora soy libre de hacer cualquier cosa. —Volví a sonreír tratando de restarle importancia. —Bueno ya me iré al salón. Hablamos luego.
Sentí la mirada de los tres, pero no me voltee ni nada. Directo al salón de clases, sin percatarme de nada de lo que pase a mi alrededor. Debo parecer una perdedora, pero que me importa. Antes de entrar al salón alguien me jala del brazo impidiéndome que haga cualquier movimiento. Nada más y nada menos que Richard, el descarado. ¿Qué parte de que me deje en paz es que no entiende?
— ¿Qué quieres? —Cuestione lo más seca que pude.
—Necesitamos hablar Jessica. Si no quieres seguir siendo mi novia yo lo entiendo, fui un completo idiota y sé que no merezco que me perdones, pero debo luchar por aunque sea ser tu amigo.
— ¿Me dejaras en paz si acepto ser tu amiga?
—Claro. —Sonrió complacido.
—Está bien entonces. Hasta luego. —Me despedí antes de que dijera algo más.
Las clases concluyeron normal, gracias al cielo. Mientras esperaba a Ana en el estacionamiento se acercó Noah con una sonrisa, eso es algo que lo complementa.
—Hola. —Saludó sin quitar esa sonrisa, que quiere contagiarme pero no la dejo.
—Hola. —Salude seria.
—Jessica, este quería saber si quisieras ir conmigo a la feria, mañana. —Me quede mirándolo indecisa. Quizás me haga bien salir y olvidarme un poco de las cosas.
—Si claro. Supongo que salir me ayudara a distraerme un poco.
— ¿Entonces si? —Me miró asombrado.
—Si Noah. Entonces mañana como a las siete. ¿Pasas por mi o como le hacemos?
—Paso por ti. —Sonrió con timidez. Tiene una sonrisa particularmente hermosa, no me había fijado y es tierno.
—Bien, a las siete entonces. —Le sonreí igual.
—Hola chicos. —Saludó Ana, radiante de alegría. Noah le sonrió amable.
—Hola bombón. ¿A qué se debe tanta alegría?
—Tengo una cita con Josh, hoy. —Noah la observa riendo.
—Entonces saldrás hoy con Josh. —Digo recalcando mis palabras y moviendo mis cejas de arriba abajo.
—Jessica, por Dios, modérate, no ves que Noah esta aquí. —Me reí burlesca.
—Noah sabe más que tú y yo juntas, es solo que tiene cara de santo.
—No es solo la cara, preciosa. —Nos miro a ambas.
—Como digas. Ana creo que ya debemos irnos. Noah mañana a las siete en punto y se puntual. —Lo mire seria y luego le sonreí levemente.
Salimos directo a la casa. En el camino Ana iba tecleando algo en su teléfono que por más esfuerzo que hice no pude ver. Agradecí mucho a Dios que no haya tocado el teme de Noah. Pero cuando llegamos no perdió el tiempo y soltó la pregunta.
— ¿Te gusta Noah?
¡Mierda, mierda y más mierda! Era obvio que no se iba a quedar callada, ella siempre está atenta a todo.
— ¿Qué te hace pensar eso? —Trate de sonar indiferente.
—Pues no sé, quizás que hayas aceptado salir con él.
—Él solo me invito a la feria y acepte. Pienso que salir me ayudara a no pensar en que mi novio, al que le di casi dos años de mi vida, me engaño con una maldita zorra. —Me hice la victima para que no dijera nada. —Además tú si puedes estar con él y yo no. —Ahora le reclamo y problema resuelto.
—Vale, tienes razón ¿Pero de verdad no te gusta ni un poquito?
—No Ana, o bueno, quizás. No tengo la menor idea, pero espero que no.
— ¿Por qué no? Si es encantador, además es sexy y tiene lindos labios. Hablando de labios, tú que ya los probaste ¿Qué tal están? Seguro los sabe usar muy bien. —Sonrió con picardía.
— ¡Avemaría! Ya sabía yo que venias con algo. Pero que puedo decirte, son una delicia. —Me reí.
—Te envidió. Pero ya me lo imaginaba, se le nota. Bueno ya voy arreglarme, hoy me espera una noche muy buena.
—Pervertida. —Le grite y me fui detrás de ella, pero yo iba a mi habitación. Unos treinta minutos después entro a decirme que ya se iba.
—Usa protección bombón, no quiero ser tía tan joven.
—Modera tus palabras, solo vamos a cenar.
—O si claro. Eso no fue lo que insinuaste entes de entrar al baño.
—Solo estaba bromeando Jess. No todas somos como tú.
— ¿Pero qué dices? Si soy virgen, hasta he pensado en ser monja.
—En los conventos no aceptan zorras bombón. Bueno ya me voy. —Me saco la lengua antes de salir.
Luego de Ana irse me di una larga ducha, me lave los dientes y me cambie para dormir.